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LARS Y UNA CHICA DE VERDAD
Título original: Lars and the real girl
Año: 2007
Duración 106 min.
País: USA
Director: Craig Gillespie
Guión: Nancy Oliver
Música: David Torn
Fotografía: Adam Kimmel
Reparto: Ryan Gosling, Patricia Clarkson, Emily Mortimer, Kelli Garner, Paul  Schneider

Web oficial: www.larsandtherealgirl-themovie.com

Autores de la reseña: Mercè Ferriz Gil, Laura Hernández Vázquez y Francesc Vieta Pascual

 

Aviso para navegantes: en este escrito usamos la película para pensar sobre aspectos de nuestro trabajo psicoterapéutico y hablamos de ella dando por sentado que el lector ya ha visto el film.
 
Sinopsis: Lars, un joven enormemente tímido y dulce que vive en una pequeña localidad junto a su hermano y su cuñada, lleva por fin a Bianca, la chica de sus sueños. El problema es que Bianca es una muñeca que encargó por internet, aunque Lars la trata como si fuera una persona real. Alentados por una psicóloga y en un esfuerzo por comprenderle, su familia decide seguir con la fantasía de Lars, de la que pronto acabará participando todo el pueblo (www.filmaffinity.com).
 
La propuesta de esta película es arriesgada. De hecho algunos de nosotros cuando fuimos al cine a verla guiados únicamente por la sinopsis de la cartelera, pensábamos que se trataría de una comedia un poco absurda para pasar el rato.
 
Como nos comentó nuestro querido colega Raúl Naranjo, Bianca, la muñeca, parece ejercer la función de objeto transicional para Lars.
 
(“...si el crecimiento prosigue su marcha el objeto transicional resulta ser el primer símbolo. En este caso el símbolo es al mismo tiempo la alucinación y una parte objetivamente percibida de la realidad externa (...)
 
¿La piedra y el árbol siguen existiendo cuando no hay nadie en el patio?
y la réplica:
La piedra y él árbol siguen existiendo mientras los observa su seguro servidor...
El hecho es que un objeto exterior carece de ser para ustedes o para
mí salvo en la medida en que ustedes o yo lo alucinamos, pero si
somos cuerdos pondremos cuidado en no alucinarlo salvo en los
casos en que sabemos qué se tiene que ver. Por supuesto, si
estamos cansados o anochece, cometeremos algunas equivocaciones.
En mi opinión, con su objeto transicional el bebé
se halla todo el tiempo en ese estado en que le posibilitamos ser, y
aunque es algo loco, no lo calificamos así. Si el bebé pudiera
hablar, diría: "Este objeto es parte de la realidad Externa y yo lo creé".
Si alguno de ustedes o yo dijéramos esto; nos encerrarían, o
tal vez nos practicarían una leucotomía.
 
(D. W. Winnicott, El destino del objeto transicional, 1959)
 
La tesis principal que queremos desarrollar en este comentario tiene que ver con la función que ejerce el objeto transicional. Aquí lo haremos partiendo del psicoanálisis relacional desde el modelo del espacio-tiempo mental (Vieta F. y cols 2007)[i]. Hay tres puntos que queremos destacar: 1/el significado de la relación con Bianca, 2/el tipo de ayuda que Lars recibe de la psicóloga y también por parte de la comunidad y 3/ El impacto emocional que nos transmite todo el proceso a nosotros como espectadores. Estos tres puntos están contenidos el uno dentro del otro, así que los comentaremos a lo largo del escrito del mismo modo.
 
La aparición de Bianca: Un compañero de trabajo le enseña a Lars una página Web donde aparecen muñecas para adultos de tamaño natural. Lars aparentemente, parece no interesarse ya que supone que se trata de algo pornográfico (“...Hoy no estoy de humor para porno...”). Una noche sucesiva su cuñada embarazada, empeñada en conseguir que vaya a cenar a su casa, se le echa encima, cayendo ambos al suelo. Lars parece vivirlo con gran temor y de manera intrusiva. Más adelante podremos comprobar en una de las escenas más impactantes a la hora de conectar empáticamente con él, en el despacho de la Dra., hasta qué punto son intensas dichas ansiedades. Pero el desarrollo posterior de los acontecimientos invita a pensar que dicha actitud de su cuñada ayuda a Lars a tomar una iniciativa de gran riesgo emocional, no sólo para él. Así pues, Lars, pocas semanas después, recibe una caja con su muñeca, pero lejos de ser un objeto para él, la presenta a su hermano y cuñada como su novia medio brasileña y medio danesa, que va en silla de ruedas. Este es el momento álgido de la trama. La escena está muy bien rodada y escrita, pues nos presenta a Bianca a través de la mirada atónita del hermano y su mujer. Para nosotros como espectadores es un momento hilarante. Después de reírnos viendo lo grotesco de la escena, es muy fácil que nos reconozcamos más en la reacción, sobre todo, del hermano. Su mujer, con muy buen criterio le pide que la acompañe a la cocina, le ofrece un espacio y un tiempo alternativo. Allí pueden expresar su incredulidad, desasosiego y probablemente desprenderse de la vergüenza contenida que les ha provocado la actitud delirante de Lars. Creemos sumamente interesante detenernos a pensar en la reacción que provoca dicha situación, no sólo en los personajes, sino también en nosotros como observadores reales de una historia ficticia. ¿Por qué?... Antes de contestar a la pregunta os proponemos que os imaginéis viviendo en vuestra propia familia dicho conflicto. Vuestro hermano, vuestra hija, vuestra cuñada, vuestro padre, da igual, alguien muy próximo a vosotros a quien queréis, se presenta con un/a muñeca/o pretendiendo que es su pareja. Seamos francos, a parte de que nos resulta casi imposible de imaginarnos vivir esto realmente, nuestra reacción probablemente, aunque con variaciones dependiendo del carácter de cada cual, sería negativa. Desde esta perspectiva el ulterior curso de la película puede también fácilmente llevarnos a afirmar que se trata de una película con “happy end”, es decir un cuento. Bien, es cierto, por eso proponemos recuperar la clásica idea de entender los cuentos como historias que por ser de ficción, nos pueden ayudar a elaborar situaciones conflictivas o traumáticas de nuestra realidad (igual que el buen cine). En este caso, partiendo del modelo del espacio-tiempo mental, podríamos ver la película como una alternativa creativa abierta, o si se prefiere insaturada, para una situación dolorosamente conflictuante.
Lo que ocurre en el film es sin embargo que los personajes a los que Lars confia su novia-muñeca no quedan atrapados completamente en la desesperanza. Quizás la cuñada embarazada, en estado de buena esperanza, representa la capacidad de esperar, el continente, el espacio y el tiempo, en carne y huesos, que permitan un desenlace no forzado por la desesperación. De hecho es ella también la que de forma insistente y algo invasiva pretende otro tipo de vínculo con Lars. Sabemos que la madre de Lars murió al darle a luz. Ella está embarazada. El escenario del trauma está servido.
 
Bianca debe seguir un tratamiento: Cuando Lars presenta a Bianca a su familia la primera reacción de Gus (el hermano mayor) es desesperada; no halla más explicación que la locura ni más alternativa que la reclusión en un sanatorio. Por su parte Lars expresa su preocupación acerca de un cierto cansancio de Bianca. Karin (la cuñada) en otra muestra de su tiempo recobrado (ver nota al pie de pag.1), transforma relacionalmente con gran ingenio estos elementos – la reacción desesperanzada de Gus y la preocupación expresada por Lars - en una necesidad de consultar a una Dra. que puede ayudar a Bianca (que pueda ayudarLES).
Llegan así a la consulta de la dra. Dagmar. Sabemos muy bien lo difícil que resulta trasladar a la pantalla la ayuda terapéutica que llevamos a cabo en nuestras consultas, sobre todo por lo poco afortunado de los resultados vistos en otras películas. Por esto creemos que tiene mucho mérito lo bien sintetizado que está el proceso y lo magníficamente que lo interpretan sus protagonistas. Lo interesante para nosotros es el modo como la Dra. Dragmar puede mantenerse al margen del sentimiento de inadecuación que provoca la conducta de Lars con su novia-muñeca. Cuando no conseguimos liberarnos de este sentimiento corremos el riesgo de querer modificarlo, erradicarlo precipitadamente y con ello perdemos también la posibilidad de asistir en la iniciativa que, en este caso Lars, espera que recojamos y valoremos. Dagmar se sostiene en lo que de real hay en la situación “¿no es real?¿acaso no está Bianca ahí a fuera?“ y mantiene la esperanza de que tal manifestación clínica posea también un potencial creativo.
 
Es en el espacio cocreado con su cuñada y también con su hermano (magnífico, luchando con el miedo y sobre todo la vergüenza, que todos sentiríamos, intentando sostener un proyecto que no entiende ni acaba de creerse, porque confía en su mujer y quiere a su hermano) que ha aparecido Bianca. Ella es aquello que Lars esconde: carismática y encantadora. Pero no se trata sólo de una proyección alucinatoria de las partes disociadas: Bianca no pertenece ni al mundo externo ni a la realidad intrapsíquica. Ocupa un espacio intermedio, como el juego…. y como en el juego se ignoran las intrusiones disruptivas, en un acto de fe, todos acaban apuntándose a jugar con el contenido de la caja de juego que ha abierto Lars (todo el pueblo acepta a Bianca como una más de la comunidad, incluso como alguien muy especial). Bianca nace como resultado de un acto creativo fruto de la vinculación entre: el interés genuíno de la cuñada, los recursos “escondidos” de Lars (en realidad no reconocidos ni suficientemente valorados en sus relaciones significativas), las necesidades reparatorias de su hermano, la empatía, comprensión y capacidad de mantener la esperanza (tiempo recobrado) de la psicóloga y la valentía de una comunidad confiada en su capacidad de integración. Bianca puede transformarse así en una recién nacida en la comunidad: portadora de aire fresco, esperanza y reparación. De manera que toda la comunidad resulta beneficiada y Lars, sostenido y respetado, puede hacer frente a un sufrimiento tan caliente que le quemaba demasiado y tenía que congelar (¿quizás es por esto que Bianca es medio danesa y medio brasileña?).
 
Podemos detenernos a observar y comentar uno de los diálogos entre Lars y la psicóloga Dagmar:
  
Dagmar: Por qué no me hablas de Karin. No la conozco demasiado bien.
Lars Lindstrom: Oh, es maravillosa. Gus y yo hemos tenido mucha suerte con las mujeres – ella es maravillosa... Pero ella... (le cuesta seguir)
Dagmar: Está bien, busquemos algo para que puedas leer
Lars Lindstrom: No, sólo que… Entre nosotros...
Dagmar: Desde luego.
Lars Lindstrom: Estoy preocupado por ella. Creo que tiene algún problema.
Dagmar: Oh, bueno, quizás no deberías contarme.
Lars Lindstrom: No, no pasa nada. Sólo que..., pienso que es porque es insegura, es sólo que... ella está siempre intentando abrazar a todo el mundo, sabe, hay gente que no le gusta esto... no les gusta que les abracen, pero ella no se da cuenta de esto. Se lo toma como algo personal, y se siente herida. No sé qué hacer con esto... ¿y ud?
Dagmar: Está bien que te abracen a veces, sentir los brazos de otra persona que te rodean, ¿no crees?
Lars Lindstrom: No.
Dagmar: Reconforta         
Lars Lindstrom: No sienta bien. ¡Duele!.
Dagmar: Oh, ... (piensa) ¿como un corte... o una llaga?
Lars Lindstrom: Como una quemazón. Como cuando sales afuera y los pies se te quedan helados y luego vuelves a entrar y se descongelan... Como esto. Sí, es casi exactamente lo mismo que esto.
Dagmar: ¿Lo mismo con todo el mundo?
Lars Lindstrom: Uh, ... no en realidad con Bianca no me pasa... Pero con el resto sí...
 
Es muy interesante ver cómo de manera intuitiva la psicóloga capta la fragilidad del vínculo relacional que puede mantener con Lars y la intensidad de las ansiedades intrusivas que hacen que muestre interés, aunque no demasiado, dejándole a él la iniciativa (tan importante en los estados de vergüenza[ii]). En la película se advierte aún mejor que en la transcripción, a través de los gestos, el tono de voz y el ritmo pausado, aparentemente despreocupado que emplea la terapeuta. Decimos que es una actitud intuitiva porque es implícita. Si nos fijamos en el diálogo explícito la terapeuta no sabe aún que Lars no soporta que le abracen, ni tan siquiera el contacto físico de otro ser humano.
 
Lars, Bianca y nosotros
 
 Al principio del film uno puede pensar “ pobre...éste está como un cencerro. Sufrió un trauma primerizo y ha organizado unas defensas fóbicas, esquizoides...bla, bla, bla...el consecuente empobrecimiento mental...bla, bla, bla...” Y de repente aparece Esperanza, bueno, en realidad su nombre es Bianca....resulta confuso, es difícil recolocarse pero seguimos divagando “evidentemente es el único nivel al que ha podido acceder...bla, bla, bla...tan inanimada y desvitalizada como él...bla, bla, bla....”. La cuñada embarazada nos aporta el elemento para vincular la situación con la madre fallecida al dar a luz, el precipitador de la descompensación psicótica. Pero más adelante empezamos a vislumbrar la posibilidad de que se trate de otra cosa. Lars parece tener muchos más recursos de los que nuestras mentes entrenadas y atrapadas en discursos cerrados imaginaban. Tal vez estemos más alienados que el propio Lars.
Ciertamente la película genera en nosotros una constelación de sentimientos que recuerdan la experiencia que uno tiene de niño al escuchar un cuento de hadas. Presenta una serie de elementos fácilmente asimilables a otros de nuestro propio drama interno y a través del relato el oyente puede encontrar sus propias soluciones: “El cuento es terapéutico porque el paciente encuentra sus propias soluciones mediante la contemplación de lo que la historia parece aludir sobre él mismo y sobre sus conflictos internos, en aquel momento de su vida”[iii].
No obstante, en Lars y una chica de verdad no hay ningún elemento mágico, fantástico o fantasmagórico. La intensidad de la esperanza que sentimos al final del largometraje reside, a nuestro entender, en la contemplación de una realidad que no es - todavía - pero que podría ser.
 
Proponemos un juego, mucho menos arriesgado que el que Lars, inevitablemente, afronta y provoca que tengan que afrontar los que le rodean: se trata de tomarnos la película, nosotros como terapeutas, también como un objeto transicional, en el sentido de aquello que aún no es pero podría llegar a ser. Es decir, entender que hay una respuesta comunitaria que aún no puede ir en la línea que vemos en la película, pero que en vez de pensar que es una ingenuidad y una utopía pretender que así sea, empecemos a actuar y relacionarnos de manera que pueda llegar a ser. Sólo de esta manera podremos crear un espacio y un tiempo en que esto sea posible. Desde el modelo del espacio-tiempo mental atendemos al paciente, como una madre atiende a su bebé: no sólo por quién es, también y en especial por quién puede llegar a ser. Nunca se nos ocurriría decir que las madres y padres que hablan a sus bebés están delirando, ya que emplean un lenguaje que ese ser no puede entender. Y no sólo porque el bebé entiende más de lo que a veces imaginamos, además que puede captar la actitud implícita de lo que le comunican verbalmente. Ese diálogo entre madre y bebé va co-creando un nuevo contexto relacional. Pero lo primordial es que sólo desde la actitud implícitamente esperanzada de la madre que habla a su bebé como si éste pudiese entenderla (incluso verbalmente), es posible que ese bebé acabe comunicándose también a través del lenguaje. El crecimiento mental sólo es posible si nos relacionamos con el otro, no sólo a través de lo que ya sabemos (hacer, entender, compartir, relacionar, etc), sino sobre todo a través de aquello que podemos llegar a crear ambos.


[i] Vieta Pascual F. (2007). El espacio-tiempo mental, más allá de la relación. Clínica e investigación relacional, vol. 1, nº 1
[ii] Velasco, R. (2002). El sentimiento de sí y el afecto de vergüenza. Intersubjetivo, vol 4 num 2: 287-290.
[iii] BETTELHEIM, B.(1975). Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Ed. Crítica

 

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