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NO TENGAS MIEDO

Año: 2011

Duración: 90 min.

País: ESPAÑA

Dirección: Montxo Armendariz

Guión: Montxo Armendáriz y María Laura Gargarella

Fotografía:  Alex Catalán

Reparto: Michelle Jenner; Lluís Homar; Belén Rueda; Nuria Gago; Rubén Ochandiano; Cristina Plazas; Javier Pereira; Irantzu Erro; Ainhoa Quintana; Irene Cervantes; Miader Salas.

Género: Drama; abusos sexuales

Sinopsis: Una joven de 25 años decide ser dueña de su vida, y para eso, primero tendrá que enfrentarse a su pasado, a una infancia traumática debido a los abusos sexuales que sufrió dentro del ámbito familiar.

Premios: Nominada a los Goya mejor actriz revelación Michelle Jenner

Autora de la Reseña: Rosario Castaño Catalá

Han pasado nueve años desde que vi por primera vez está película y vuelvo a comprobar que es una historia muy bien contada, una puesta en escena inteligente que nos puede ayudar a los profesionales de la salud a reflexionar sobre el abordaje de los abusos sexuales en la infancia, un drama que por desgracia es más frecuente de lo que se piensa. La psicoterapia de una persona que ha sufrido abusos sexuales en la infancia es muy compleja por las emociones y sentimientos que involucra. La protagonista dice ¿cómo es posible que la persona que más me ha querido sea la que me ha destrozado la vida?

Montxo Armendariz ha realizado muchas películas y recibido muchos premios y reconocimientos desde los años setenta. Entre sus títulos más populares y de los que yo recuerde están: Historias del Kronen (1994) Secretos del corazón (1997) Obaba (2005) De tu ventana a la mía (2011) y ésta que es del mismo año 2011.  Su trabajo se caracteriza fundamentalmente por la contención, la  sensibilidad y una forma sutil de enfrentarse a situaciones perturbadoras y traumáticas, no se queda en el morbo ni trata de buscar soluciones, más bien parece que quiere que el espectador vaya descubriendo matices y haciéndose su propia idea de lo que está ocurriendo; huye de prejuicios e ideas preconcebidas que siempre suelen condicionar y convertir un guión en una mera secuencia de escenas fascinantes pero vacías de esencia. En No tengas miedo Armendáriz ofrece al espectador una serie de secuencias que bailan con las paradojas de la vida, por eso conmueve e inquieta, a veces incluso desespera precisamente por esa contención que lo caracteriza.

¿Estamos ante un trastorno, una perversión, una enfermedad? El DSM-5[1]  define el trastorno de pedofilia dentro de los trastornos parafilicos, cuando durante un periodo de al menos seis meses hay excitación sexual intensa, deseos irrefrenables y comportamientos que implican la actividad sexual con menores de 13 años; el individuo tiene como mínimo 16 años y es al menos cinco años mayor que la victima. No incluye al individuo al final de la adolescencia que mantiene una relación sexual continua con otro individuo de 12 o 13 años[2].

Las guías de orientación psicopatológicas son necesarias pero no son de gran ayuda en el abordaje psicoterapéutico de un caso de este tipo. En el terreno sexual entramos en la moral y por supuesto, la libertad y la dignidad de las personas, y en el caso de menores en la obligación de dar protección, seguridad y amor a esos menores.

Tampoco podemos identificar el trastorno parafilico con el concepto de perversión sin matices aunque la conducta sexual siempre esté ligada a la perversión. Un termino incomodo para todos, como dice Baca,[3] para los que lo vinculan con la actividad pecaminosa, con la maldad pura y simple, con el delito o con la enfermedad, siendo  rechazado y dotado de diferentes significados a lo largo de los años.

A mi me interesa la perversión como un concepto antropológico que nos remite a las estructuras y funcionamientos más básicos del ser humano, pues desde ahí podremos entender mejor la condición humana. Como psicoterapeutas, tal como destaca la psicoanalista Welldon[4], tenemos que definir las perversiones cuidadosamente para sustentar su diagnostico y su psicodinámica, tener un criterio científico que vaya más allá de la moral y las costumbres que tratan en vano de delimitar o limitar, partiendo de un principio fundamental, y es que en toda perversión subyace una angustia moral que el enfermo trata de evitar a cualquier precio.

En esta película vemos que no podemos enfocarnos solo en la victima para entenderla y ayudarla, hay que abrir la mirada hacia los demás personajes: el padre, encarnado por el actor Lluís Homar[5], que hace un papel extraordinario, dificilísimo, que ha debido luchar con el miedo para desarrollar este papel, pero como él dice: el miedo a que te juzguen, a no estar a la altura, el miedo al abismo que tantas veces ha crecido bajo mis pies hay que reconocerlo, aceptarlo, incluso acompañarlo. No hay escenas explícitas,  y de hecho la que más nos va a perturbar es la que empieza con ese no tengas miedo princesa… no tengas miedo, aunque no veamos nada más y cada espectador desarrolle su propia fantasía. Homar también participó en La mala educación ( 2004) de Pedro Almodóvar que trata sobre abusos sexuales en la infancia.

¿Donde nos situamos como espectadores? ¿cómo se puede perdonar algo tan terrible como ese abuso continuado de un padre a su hija? No hay violencia doméstica, no hay gritos ni voces, todo transcurre en un silencio abrumador, que ahoga precisamente el grito de ayuda, ¿dónde está la madre? Belén Rueda[6]  dice que cuando le propusieron este papel quiso morir, le parecía un papel dificilísimo, y cuenta: Interpreto a una de esas madres que lo saben todo sobre la familia y prefiere callar. No quiere involucrarse en el dolor, ni sentir, cuando se espera todo lo contrario. Creo que si en algún momento del guión se dice lo siento, hija, ¿qué puedo hacer por ti? el personaje se suicidaría al no soportar el dolor de aquello que ha permitido. La madre no tiene nombre ni apellidos, no es nadie, tal vez hay que pensar en el papel de esas mujeres que al ser madres se convierten en invisibles sin una identidad ni voz propia.

Hay mucho dolor, lo que más se oye es el nombre de la protagonista pero no su voz ¿tendrá que encontrar las palabras para “decir-lo”, para nombrar lo que ha vivido? ¿dejar de estar en silencio para romper con el pasado, para cerrar esa etapa  y no huir de la misma? ¿y el perdón? ¿es necesario, es posible?.

¿Dónde nos situamos como psicoterapeutas? ¿cómo sostenemos a la paciente? No se trata solo de comprender, pues podemos caer en el error de ir al rescate de la victima sin dejar que encuentre las palabras para nombrar todo el abanico de sentimientos: tanto el desconcierto como el miedo, la vergüenza, la culpa, la decepción, el enfado,  la dependencia etcétera, hay que procurar no caer en un proteccionismo improductivo que calla la boca y la deja de nuevo en silencio. A menudo hay que superar la incapacidad profesional de escuchar debido al dolor emocional.

Son importantes también los personajes secundarios que forman parte de la vida de la protagonista, ¿quién la acompaña aunque sea con discusiones o desencuentros?

Y voy terminando sin hablar del excelente papel que desarrolla Michelle Jenner[7]  aunque no he dejado de hablar sobre Silvia, la protagonista. Le preguntan en una entrevista a Jenner cómo se mete en un papel así, y  nos cuenta que el proceso fue duro, y lo que más me costó fue entenderla, no sabía que las víctimas experimentan una dependencia hacia el abusador o que se sienten culpables de lo que ocurre... Me costó, pero logré terminar entendiéndola. Para hacer el papel dejé de ser yo misma y me convertí en todo lo contrario, no era risueña, ni alegre.

Pero es que la alegría, la espontaneidad y la vitalidad se pierden, incluso no se desarrollan cuando la herida provocada por la persona que más te quiere es tan grave, como escribe la poeta Anne Carson[8]:

Una herida despide su propia luz

dicen los cirujanos.

Si todas las lámparas de la casa se apagaran

podrías vendar esa herida

con el resplandor que de ella surge


[1] DSM-5 (2014) Guía de consulta de los criterios diagnósticos. American Psychiatric Association (APA) . Editorial Panamericana. En el año 1994 fue cuando el DSM-IV (APA) sustituyó  la categoría de perversiones por la de parafilias (para: desviación, philia: atracción)

[2] Desde el año 2015, la edad de pleno consentimiento sexual en España es a los 16 años. A los 14 años se puede tener consentimiento con autorización de los tutores legales. En Europa este consentimiento varia según los países desde los 14 a los 18 años de edad. La edad del consentimiento sexual no se debe confundir (aunque algunas veces coincida) con la edad de responsabilidad criminal o penal.

[3] Baca (2011) las perversiones, notas para una historia conceptual. Cap. 3 del libro Conductas perversas, Psiquiatría y ley de Antonio Molina; María José Moreno; Rafael Lillo; Julio Antonio Guija (editores) Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental. Ed. Triacastela.

[4] Welldon, E. V. (2014) Jugar con dinamita. Una comprensión psicoanalítica de las perversiones, la violencia y la criminalidad. Ed. Psimática.

[5] Lluís Homar es actor y director, y desde 2019 director de la Compañía Nacional de teatro clásico. Entrevista realizada en ABC 07/06/2017 link https://www.abc.es/cultura/libros/abci-lluis-homar-perdido-miedo-decir-sentido-envidia-o-tengo-inseguridad-201706070200_noticia.html

[6] Belén Rueda es actriz de TV y cine. Entrevista en ABC el 24/04/2011 link https://www.abc.es/play/cine/abcm-belen-rueda-quise-morir-201104280000_noticia.html. Recibió el Premio Goya a la mejor actriz revelación en 2004 por su papel de Julia en Mar adentro de Alejandro Amenábar. Entrevista en ABCE 24/04/2011 link https://www.abc.es/play/cine/abcm-belen-rueda-quise-morir-201104280000_noticia.html.

[7] Michelle Jenner, actriz nacida en 1986, cuando hace la película tiene 25 años. Entrevista en 20min. el 08/02/2012; link https://www.20minutos.es/noticia/1301719/0/entrevista/michelle-jenner/no-tengas-miedo/

[8] Carson, A. (2020) La belleza del marido, un ensayo narrativo en 29 tangos. Ed. Lumen, (pp. 17)

 

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