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El orfanato  

EL ORFANATO (ACERCA DE CARGAR CON EL MUERTO)

Dirección: Juan Antonio Bayona.

Reparto: Belén Rueda (Laura), Geraldine Chaplin (Aurora), Fernando Cayo (Carlos), Roger Príncep (Simón), Mabel Rivera (Pilar),  Montserrat Carulla (Benigna), Andrés Gertrudix (Enrique), Edgar Vivar (Balabán).
Guión:
Sergio G. Sánchez.
Producción:
Joaquín Padró, Mar Targarona y Álvaro Augustín.
Producción ejecutiva:
Guillermo del Toro.
Música:
Fernando Velázquez.
Fotografía:
Óscar Faura.
Montaje:
Elena Ruiz.
Dirección artística:
Josep Rosell.
Vestuario:
María Reyes.
México, España, 2007 (www.cuak.com)

 

Autores de la reseña: Mercè Ferriz Gil, Francesc Vieta Pascual

En primer lugar queremos advertir a aquellos que no hayan visto la película que en este escrito se desvela el final y se comentan muchas de las sorpresas de la trama. Si no la ha visto, no siga leyendo y veala antes.

 

Película perteneciente al género de terror, según nos indica la cartelera, evocadora por su título de una situación de pérdida temprana, desamparo o soledad. El orfanato, como institución, ha sido a lo largo de la historia un intento más o menos afortunado por atender esa situación del que se queda solo desde el comienzo de la vida. Para los que hemos visto la película resulta inevitable el recuerdo de otros clásicos lejanos y recientes como, Poltergeist, El Sexto sentido, Los Otros, El Resplandor- por citar unas con gran impacto y calidad- pues comparte con ellos una curiosidad, siempre inquietante, por descubrir qué existe más allá…, más allá de la existencia conocida.

Nuestro interés tiene su origen precisamente en la relación que se establece por una parte entre el más allá, como fenómeno - al menos mental, puesto que aparece de forma sistemática en todas las culturas y civilizaciones humanas- y el sentimiento de terror, de miedo. Simplificado en una pregunta sería: ¿por qué   pensar en la existencia de muertos-vivientes- tema central de ésta y otras películas- da miedo? Probablemente haya aquí todo un universo sobre el que reflexionar.

En el cine éste es también un tema recurrente y las películas citadas arriba se han convertido en clásicos del género, si bien con distintos niveles de alcance. Tal vez la humanidad a través de la forma de arte más popular en estos tiempos nuestros esté intentado hacerse nuevas preguntas. De hecho en El sexto sentido, Los otros y en la película que nos ocupa, el terror está presentado como un obstáculo para acercarse a entender mejor lo desconocido acerca de la muerte.

 

El Orfanato nos sugiere algunas cuestiones y también algunas respuestas:

 

¿De qué trata la película?

 Según la sinopsis de la cartelera se trata de una mujer, “Laura, que regresa al orfanato donde creció, con la intención de abrir una residencia para niños discapacitados. El pequeño Simón, hijo de Laura, comienza a dejarse llevar por unos extraños juegos que generan en su madre gran inquietud, ya que dejarán de ser una mera diversión” (cartelera, LA VANGUARDIA).

Una vez vista la película añadiríamos que los juegos de Simón se nos vuelven inquietantes ante la posibilidad de descubrir su condición de adoptado y su riesgo de muerte al encontrarse afectado por una enfermedad grave.

La inquietud de Laura se torna desesperada ante la desaparición de Simón. Ella no puede renunciar a su búsqueda y decide llegar hasta el final.

 

¿Qué representan algunos elementos de la película?

La psicóloga que colabora con la policía y el marido de Laura, que es médico, representarían aquellas figuras que se apoyan y sólo confían en el conocimiento y razonamiento científico para entender una realidad que creen objetiva. Independientemente de su línea de trabajo, la psicóloga, podría explicar el caso “Laura” como el de una mujer marcada desde el inicio de su vida. Ella misma es huérfana. Regresa al lugar de su infancia para llevar a cabo algún tipo de reparación que se podría calificar de omnipotente, pues no solamente ha adoptado, junto a su marido, un hijo con una enfermedad que puede matarle, sino que ahora quiere reabrir un lugar de acogida para niños con grandes dificultades físicas y mentales. La situación a la que debe enfrentarse ante la desaparición de su hijo la conducen a una descompensación emocional de orden psicótico manifestada a través de alucinaciones sensoriales y perturbación del pensamiento (lógico-científico).

El informe forense determinaría que el niño Simón se escondió en un acceso al sótano desconocido, bajo el hueco de la escalera. Su madre en una situación emocionalmente compleja, dominada por el pánico, la desesperación y la culpa persecutoria, colocó de forma accidental unas vigas metálicas obturando la puerta de salida. Simón en un intento desesperado por salir intentó golpear la puerta y el propio impulso lo hizo caer por las escaleras, causándole la muerte.

Con esto podríamos concluir satisfactoriamente el expediente. No hay más preguntas.

 

La parapsicología y la médium: El parapsicólogo es presentado como un estudioso de Jung y de los fenómenos paranormales, como alguien que tiene gran interés en entender si hay un más allá de la vida. Es el que pone en contacto a Laura con una médium que le merece confianza, de aspecto inquietante por su extrema delgadez, que nos evoca fragilidad, constitución etérea y que no sólo por su edad avanzada nos parece alguien cercano a la muerte. Este parapsicólogo parece tener pretensiones científicas puesto que se acompaña de la tecnología actual para registrar los fenómenos que son de su interés, con el propósito, si imaginamos libres de desconfianza, de analizarlos y obtener conclusiones que amplíen el conocimiento. Parece claro en la película que más allá de la veracidad de sus creencias, sus motivaciones albergan cierto grado de honestidad. En todo caso representan a alguien que se atreve a acompañar en el sufrimiento a Laura y entrar en su espacio-tiempo mental cada vez más inundado por la desesperanza. Abre para la protagonista una dimensión que no había considerado antes “se trata no de ver para creer, sino de creer para ver”.

Sería aceptable pensar que no es más que otro delirio esotérico que viene a unirse al de nuestra protagonista, que además la conduce o induce indirectamente al suicidio.

Por el momento no estamos en disposición de afirmar – aunque tampoco desmentir- más allá de lo que nuestro conocimiento acerca de este tema, alcanza. Aunque en otros campos del saber humano nada esotéricos como el que investigan los físicos cuánticos se hallan evidencias que pueden explicar que la realidad a nivel subatómico sólo existe cuando tienes conciencia de ella. No sabemos a qué nos conducirán estos descubrimientos ni cómo se traducirán en el mundo macroscópico pero abren una nueva dimensión para alcance del conocimiento humano

Pero Laura encuentra a su hijo, recompone la situación real a través del delirio, entiende lo que ocurrió, tal y como lo dictaminaría el informe forense. Sin embargo las circunstancias son distintas a las esperadas, dramáticamente dolorosas y la sorprenden a ella en un momento de soledad insoportable. Tal vez habría sido distinto de hallarse alguien vivo entonces junto a ella.

 

La película es un regalo y un juego, por algo empieza con el juego infantil de picar la pared y la presentación de créditos es un papel (de pared y de regalo) que las manos de varios niños van rasgando. Está rodado en cámara subjetiva lo cual nos indica que las manos de esos niños son a la vez las nuestras. El juego puede que sea macabro, pero lo macabro, lo morboso, lo terrorífico son espacios y tiempos a investigar, nos hablan de aquello que no queremos ver, pero también de aquello que requiere un acercamiento cauteloso, porque el peligro de quedarse atrapado para siempre, existe. Creemos que la película también habla de esto. El mismo juego de picar la pared muestra el manejo de ciertas inquietudes que los mayores a veces pretendemos haber superado. Los niños a través de este juego amplían su capacidad de aguante ante ciertas angustias que fácilmente devienen persecutorias. El juego se podría ver, tal como creemos que la película remarca, como el de los muertos vivientes. Es un juego, sobre todo, espacio-temporal, ya que el niño/a que para, mientras pica la pared da un breve momento para que los demás niños puedan acercársele. La sensación que crea en el niño que para el no poder ver cuán cerca y a punto de tocarle están los demás, podría verse como una manera de ir aumentando la capacidad espacio-temporal de aguante de ciertas angustias persecutorias, para mantener la curiosidad y el espíritu de indagación más allá de lo conocido.

 

Creemos que la revolución que se está dando en el mundo del psicoanálisis pasa por dejar de tener una teoría previa a la experiencia, que clasifica el discurso del paciente según provenga de la pulsión de muerte o de la de vida. Se trata ahora de escuchar, mirar e intuir el discurso y la comunicación explícita e implícita del paciente y su sufrimiento como la posibilidad que nos ofrece de entrar en su mundo, sin presuponer que nos intenta manipular, engañar, atacar, seducir, destruir; sin negar tampoco que estos riesgos existan, pero en todo caso considerándolos como acciones destinadas a que nos hagamos cargo de todo su malestar y probablemente del daño sufrido; creemos pues que esta revolución que estamos viviendo debido a este cambio de paradigma debería servir también para replantearse ciertas maneras de explicarnos la realidad. En nuestra profesión el peligro de caer en posturas esotéricas es muy grande, pero no es menos cierto que existe el peligro de quedarnos paralizados por este miedo y caer en posturas de un cientifismo ciego a aquello que de momento no entendemos, de manera que esto no nos permita acercarnos a entender mejor temas vitales- nunca mejor dicho- como la muerte y la destructividad. Uno de los padres de la teoría del big bang, George Lamaitre fue un sacerdote estudioso de la astronomía, pero que partió no sólo de sus conocimientos científicos sino también de una mirada poética basada en la intuición, que le permitió imaginar que si el universo estaba en expansión, podía verse como una enorme explosión que aún sigue expandiendo sus fragmentos. Si miramos de noche al firmamento sabiendo que aquello que parece estático, eterno, en realidad se mueve a grandes velocidades o ni tan siquiera existe (hay muchas estrellas cuya luz nos ilumina que sin embargo hace miles de años que murieron, es decir dejaron de ser una estrella para pasar a ser otras cosas), veremos que sólo desde una mirada más allá de lo científico se puede intuir esa gran explosión. Creemos que la película “El orfanato” entre otras cosas nos habla de estos peligros: el riesgo de mantenerse en una mirada que se apoya sólo en lo ya conocido y el peligro de quedarse sólo/a ante lo desconocido.

            Hay más temas, como el del trauma y la venganza, las referencias a Peter Pan, Wendy y los niños perdidos,  pero por ahora creemos que ya está bien. Sigamos pensando…

 

 

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