Psicoterapia Relacional

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Contribuciones de Enrique Pichon Rivière a la psicoterapia de grupo

Marcos Berstein

Pichon Riviere contribuyó de muchas maneras a la psicoterapia de grupo. Es importante rescatar aquí la evolución histórica de esas aportaciones. Las primeras provienen de sus experiencias con grupos familiares, que comienzan ya en la década del 30 cuando, siendo aún estudiante de medicina, trabaja en el asilo de Torres, una institución para niños oligofrénicos. En esa investigación describe un síndrome al cual denomina Oligotimia. Los oligotímicos aparecían como niños rosaditos y muy lindos, a diferencia de los oligofrénicos, que tenían base orgánica y presentaban estigmas físicos degenerativos. Sin embargo, los oligotímicos presentaban una grado de retraso mental significativo. Ahí comienza Pichon sus primeras investigaciones sobre el grupo familiar de esos niños, y descubre que el retardo es debido en esos casos a carencias afectivas sufridas en la temprana infancia en el seno del grupo familiar. Su investigación en el grupo familiar sigue como Jefe en el Servicio de Admisión en el Hospicio de las Mercedes a comienzos de la década del 40, en donde, estando en dicho servicio ve cómo llega el paciente a la internación. Recibe al paciente en estado de crisis y ve ahí la eclosión o reactivación del proceso psicótico. De ahí, la presencia o la ausencia de la familia resulta siempre significativa, por la forma en que se da la presencia o las formas de interacción, o por la ausencia de la familia. Y ahí es cuando comienza a investigar el cuadro del abandonismo familiar, de la segregación del enfermo mental, la depositación en el hospicio y luego "el hospitalismo", en donde los pacientes se negaban a salir porque no querían volver al grupo familiar.

De alguna manera poseían la percepción de que ahí era donde se habían enfermado y que mientras no se modificara la situación originaria, corrían el riesgo del volver a enfermarse. Todavía esta forma de abordaje de la enfermedad se daba en una forma asistemática, espontánea. Se le suma luego la tarea como Jefe de la sala del Servicio de Adolescentes, cuya fecha de creación no está bien delimitada, es entre 1943 y 44 y que es cerrada por razones políticas en el 47. En ella indaga la relación entre la enfermedad, esquizofrenia en la mayoría de los casos, y la situación familiar. Investiga la forma del vínculo, la situación desencadenante y observa las situaciones de pérdida o de privación como constante.

Estas hipótesis de Pichon comienzan a tomar forma y a partir de ellas desarrolla su noción de grupo interno que se pone de manifiesto en el vínculo transferencial. Grupo interno como escenario en el cual se recrean objetos, relaciones, vínculos. Y comienza a desarrollar su hipótesis del portavoz. Existe una relación de causalidad no lineal sino dialéctica entre la estructura y la dinámica del grupo familiar y la estructura dinámica del grupo interno o mundo interno del portavoz. Entonces surge la noción de portavoz que es fundamental. Hoy en día hablamos de paciente identificado siguiendo las nuevas corrientes, pero ya en aquella época, estamos hablando de la década del 40, Pichon comienza a usar el término de portavoz para referirse al enfermo mental aparece como el "depositario" de todas las patologías y ansiedades de su grupo familiar, los cuales son entonces los "depositantes". Y lo que "depositan o lo depositado" son justamente esas ansiedades, esa patología.

Pasemos ahora a revisar la conceptualización teórica de esas experiencias y su aplicación en el campo de la dinámica de grupos.

La resistencia al cambio

Todo proceso de curación implica cambio. La actitud ante el cambio puede ser positiva y hablamos entonces de actitud de cambio, o negativa a la cual llamamos resistencia al cambio. Frente a las situaciones de cambio surgen dos miedos básicos: el miedo a la pérdida y el miedo al ataque. El primero es el miedo a perder lo que ya se tiene (por ejemplo: marcos referenciales previos, beneficios secundarios del síntoma, adaptaciones pasivas a la situación de enfermedad, etc.). El segundo es el temor frente a lo desconocido que puede ser peligroso y frente a lo cual sentimos que no estamos instrumentados para manejar la nueva situación.

Ambos miedos se conjugan en el dicho popular: "más vale malo conocido que bueno por conocer".

Al miedo a la pérdida corresponde la aparición de una ansiedad depresiva y al miedo del ataque la aparición de una ansiedad paranoide o persecutoria. Cuando el monto de estas ansiedades es muy elevado, determina la aparición de la resistencia al cambio. Para Pichon estas ansiedades funcionan como obstáculos epistemofílicos (modificando la noción de obstáculo epistemológico de Bachelard), es decir, aquellos que perturban el aprendizaje desde una problemática emocional-afectiva. Y cuando hablamos de aprendizaje entendemos todos los aprendizajes, desde los primeros que realiza el bebé en su relación con la madre, pasando por el aprendizaje de roles en el grupo familiar y por todos los que realiza en su proceso de adaptación activa a la realidad.

Decíamos que todo proceso de curación implica cambio. La psicoterapia de grupo no escapa a esta regla universal.

La técnica de grupos operativos se centra en la movilización de estructuras estereotipadas, y de las dificultades de aprendizaje y comunicación producidas por el monto de ansiedad que provoca todo cambio.

Por dicha movilización captamos en el aquí-ahora-conmigo y en la tarea de grupo el conjunto de afectos, experiencias y conocimientos con los que los integrantes de un grupo piensan y actúan, ya sea en el nivel individual o grupal.

En el grupo operativo, instrumento adecuado para abordar la enfermedad, coinciden el esclarecimiento, la comunicación, el aprendizaje y la resolución de la tarea, ya que a través de ésta última es posible resolver las situaciones de ansiedad.

Retomemos ahora los miedos básicos, refiriéndonos más específicamente al Yo del sujeto. En el grupo operativo se instrumenta un proceso terapéutico que pasa fundamentalmente por la disminución de los miedos básicos, en términos de miedo del ataque al Yo y miedo a la pérdida del objeto. Estos miedos paralizan al Yo y lo vuelven impotente. A través de la técnica operativa se fortalece el Yo del paciente, lográndose así una adaptación activa a la realidad.

Esta técnica jerarquiza como tarea grupal la construcción de un ECRO (esquema conceptual, referencial y operativo) común, condición necesaria para establecer una comunicación a partir de la afinidad de los esquemas referenciales de emisor y receptor. Elaborar el ECRO común implica un proceso de aprendizaje.

La tarea depende del campo operativo del grupo. Si se trata de un grupo referido al aprendizaje de cualquier disciplina, la tarea consiste en la elaboración y resolución de las ansiedades relacionadas con el abordaje al objeto del conocimiento, facilitando de esta manera la incorporación de una información realmente operativa.

En un grupo terapéutico la tarea es resolver el común denominador de la ansiedad del grupo, que en cada integrante toma características particulares.

Si la tarea es la curación, los miembros del grupo al compartir un ECRO pueden reparar las redes de comunicación dañadas en el proceso del enfermarse, pueden reaprender, fortalecer su yo y superar la resistencia al cambio. La evaluación de esta etapa la realizamos en base a los criterios de adaptación activa a la realidad que implica la posibilidad del sujeto de modificarse a sí mismo al mismo tiempo que modifica el medio, en una integración dialéctica mutuamente transformadora que se retroalimenta.

Es decir, que el sujeto es modificado por el medio ambiente (en este caso el ambiente es el grupo, el cual cumple por consiguiente una acción correctora), pero lo más importante es que él a su vez se transforma en un agente de cambio.

Los roles. Verticalidad y horizontalidad

A partir de esto, los roles de fijos y estereotipados, pasan a ser funcionales, intercambiables y operativos. El grupo adquiere así una dinámica más fluida a través de la tarea y cada paciente adquiere una conciencia de su propia identidad y de la de los demás. En el grupo se da un juego de adjudicación y asunción de roles. La plasticidad de los roles permite asumir roles complementarios y suplementarios.
En la medida en que un grupo operativo se propone la curación de sus integrantes, se centra en la ruptura de los estereotipos en los mecanismos de adjudicación y asunción de roles y los pacientes logran así modificar sus vínculos internos y externos.

El grupo operativo está centrado en la tarea y su finalidad es aprender a pensar en términos de resolución de las dificultades manifestadas en el campo grupal, y no en el de cada uno de sus integrantes, lo cual sería un psicoanálisis individual en grupo.

Sin embargo, tampoco está centrado exclusivamente en la dinámica de grupo tal como en las concepciones gestálticas, sino que en cada aquí-ahora-conmigo en la tarea se opera en dos dimensiones, constituyendo así una integración de diferentes corrientes.

El paciente que enuncia algo es al mismo tiempo portavoz de sí mismo y de las fantasías inconscientes del grupo. Técnicamente, las interpretaciones se realizan por consiguiente en dos direcciones; por un lado se interpreta al portavoz, el cual por su historia personal es muy sensible al problema subyacente, y que actuando como radar detecta las fantasías inconscientes del grupo y las explicita. Por otro lado, se señala que lo explicitado es también un problema grupal producto de la interacción de los miembros del grupo entre sí, con el terapeuta y con la tarea. Y que el portavoz por un proceso de identificación subliminal percibe y enuncia. Es decir, que una vez señalados los aspectos individuales o motivacionales del portavoz, la interpretación apuntará a develar los aspectos grupales latentes, adquiriendo de esta manera una dimensión horizontal.

Se da así la articulación de dos niveles en el grupo, la verticalidad y la horizontalidad. La verticalidad está relacionada con la historia, con lo personal de cada integrante, que le permite asumir ciertos roles que han sido adjudicados por los demás.

La horizontalidad es lo compartido por el grupo, el común denominador que los unifica, que puede ser de naturaleza consciente o inconsciente. Cuando son de naturaleza inconsciente se los denomina universales de grupo o fantasías básicas universales.
La verticalidad de cada integrante, lo individual, su historia, lo colocan en situación de establecer una falsa conexión o reactualización emocional, operándose así un proceso transferencial.

En otras palabras, ciertos hechos presentes del aquí-ahora-conmigo del grupo reactualizan acontecimientos históricos de cada uno de los integrantes; en cada situación emergerán así distintos integrantes que se convierten en portavoces del conflicto, que es vivido como propio para cada uno, pero que denuncia al mismo tiempo el conflicto de la situación grupal en relación con la tarea. A veces esta situación grupal solo puede decodificarse a través de lo verbalizado o actuado por varios portavoces.

La verticalidad del sujeto y la horizontalidad del grupo se conjugan en el rol. La interpretación deberá ser consiguiente, tal como decíamos antes, incluir varios niveles, ya que el portavoz enuncia el problema en la medida en que por su historia personal se encuentra cerca de ese contenido.

El portavoz

El concepto de portavoz, tal como señalé, históricamente comienza con el estudio que realiza Pichon con los grupos familiares de los pacientes en el hospital neuropsiquiátrico. La enfermedad mental no es la de un individuo aislado, sino el resultado de la patología de su grupo familiar. El enfermo desempeña un rol, es el portavoz de esa situación y se da el juego de las depositaciones, el juego de las tres D antes mencionado . Al ser depositario de aspectos negativos o atemorizantes del grupo se lo transforma en chivo emisario y aparece el fenómeno de segregación. El enfermo es segregado del grupo familiar.

El monto de segregación dependerá del tipo de ansiedades que predominan. Si predomina la ansiedad depresiva, significa que la familia tiene todavía cierta capacidad de integración y de tolerancia de la ambivalencia. El grado de segregación es menor (por lo general dentro de la casa). En cambio, si predomina la ansiedad paranoide, la familia se maneja con mecanismos de disociación altamente persecutorios. El grado de segregación es mayor y el enfermo es expulsado fuera de la casa y "depositado" en una institución.

A partir de todo esto Pichon extiende el concepto de portavoz a los grupos operativos. Portavoz es aquel que en un momento determinado dice algo, y eso que dice o hace es el signo de un proceso grupal que estaba latente. El portavoz no tiene conciencia de la significación grupal que tiene lo que enuncia. Y ahora hago un juego de palabras: el portavoz con lo que "enuncia", "denuncia". Es decir, él dice algo que vive como propio, pero subliminalmente percibe algo que sucede en el grupo y puede expresarlo porque, por su historia personal, se encuentra más cerca que los demás de dicha escena. El denuncia el acontecer grupal, las fantasías, ansiedades y necesidades.

El subgrupo negro le prepara una trampa al blanco , y a veces éste contraataca. Esto constituye las ya mencionadas estrategia, táctica, técnica y logística.

Al igual que en la tragedia griega, las peripecias entre blancos y negros siguen un desarrollo en el cual se entremezclan, se intercambian, pasan por estadios "grises", y se ensombrecen, hasta que la situación se esclarece.

Hay un magnífico dibujo de M.C. Escher titulado "Encounter", que muestra claramente esa categoría de pasaje que se da entre los subgrupos blancos y negros. En otras palabras, nadie es totalmente bueno o totalmente malo. En la situación grupal "los buenos" de hoy pueden ser "los malos" del mañana y viceversa.

Voy a realizar ahora un breve comentario comparativo con la escuela francesa (Anzieu, Kaës, etc.), la cual retoma el concepto de resonancia fantasmática planteado por Foulkes como resonancia inconsciente en 1948, y por Ezriel como resonancia fantasmática en 1951, quienes aplican al grupo el principio de resonancia tomado de la física. Recordemos que en 1450 aparece el concepto de la resonancia acústica, que en 1862 es ampliado por el físico Helmholz quien lo extiende al campo de la óptica y de la electromagnética.

Un sistema físico puede ser puesto en vibración aún con una frecuencia muy alejada de su frecuencia natural. Este efecto es débil, pero aumenta a medida que la frecuencia excitadora se acerca a la frecuencia natural del sistema, y cuando se ubica en dicha frecuencia natural, el sistema entra en "resonancia".

Para hacer más didáctica esta noción remito al lector al ejemplo práctico de la música. Recuerdo que en la escuela, en las clases de música, la profesora antes de empezar golpeaba un diapasón. Los chicos jugábamos a robarle los diapasones a la profesora y a hacerlos vibrar por resonancia. Es decir, uno golpeaba un diapasón, lo pone cerca de otro y sin haberlo tocado el otro diapasón comienza a vibrar, y si hay varios diapasones la vibración se va extendiendo por resonancia a todos. Este fenómeno depende de la longitud de brazos de cada diapasón; cuanto más cercana sea la longitud de brazos entre un diapasón y otro, más fácilmente y a mayor distancia van a comenzar a vibrar por resonancia.

En el grupo algunos miembros le van a servir a otros como soportes para sus pulsiones, es decir, puntos de identificación con los cuales un integrante puede identificarse con otro.

En esto se basa la resonancia fantasmática, que es el agrupamiento de algunos miembros sobre uno al cual se denomina "portador", que les hace ver a través de sus palabras o conductas sus fantasmas (fantasías) individuales inconscientes.
Todo el discurso del grupo se puede entender como la puesta en escena del fantasma de aquél que es el portador, al cual algunos responden ocupando posiciones incluídas en el escenario del portador.

El portador pone sobre el escenario del grupo sus fantasías inconscientes, es decir, emite, proyecta y provoca en los demás determinadas reacciones. Si a los demás integrantes les resuena el fantasma que este sujeto pone en escena, se enganchan, entran a "vibrar" por resonancia y ocupan un lugar en la escena que el portador propone.

Esto es posible porque los grandes temas del inconsciente son pocos, pero son universales. Los intercambios se dan con aquellos que son más cercanos al tema propuesto.

Para Ezriel la resonancia fantasmática se da cuando varias personas se encuentran, cada uno proyecta su fantasía inconsciente sobre los otros y trata hacerlos actuar de acuerdo a su fantasma.

Si los demás entran a jugar el rol adjudicado se establece una "tensión común", y las interpretaciones apuntarán al denominador común de las fantasías inconscientes de todos miembros.

Podemos representar esto gráficamente a través del siguiente esquema (centrífugo):

Si recordamos ahora el enfoque de Pichon Riviere sobre las tres D lo representamos gráficamente así (esquema centrípeto):

del grupo. Habla no solo por sí sino por todos, y en él se conjugan, por consiguiente, la verticalidad con la horizontalidad.

Cualquier acontecimiento que sucede en un grupo es una manifestación del contenido implícito de la situación grupal, que se realiza a través de lo expuesto por uno o varios integrantes que actúan como portavoces, desocultando o denunciando así lo latente de dicha situación. Por eso Pichon llamaba al portavoz el alcahuete o trovador-radar del grupo. Al desocultar su secreto nos muestra al mismo tiempo el contenido implícito de la fantasía grupal.

Analizando la "Poética" de Aristóteles, Pichon establece una comparación entre la relación portavoz-grupo y la "delegación expresiva", que se da en el teatro griego a través de la relación protagonista (portavoz-coro).

Delegación expresiva consiste en la depositación de fantasías, acciones, pensamientos o emociones en alguien que las pone de manifiesto a través de la desocultación.

Artistóteles describe a la creación dramática como un "arte destinado a mejorar a los hombres mediante el ejemplo evidente, espectacular de males que al acaecer a otros pueden también acaecernos a nosotros".

En el teatro griego los espectadores participaban activamente y al contemplar el espectáculo realizaban al mismo tiempo una verdadera catarsis emocional. Este proceso se realiza por identificación con el portavoz-protagonista. Aristóteles lo consideraba como una forma de terapia y es la forma más antigua que se conoce de psicodrama.

En el grupo operativo ocurre algo similar. El grupo actúa como espectador-participante frente al portavoz emerge y que representa al actor. Se produce así en el grupo un proceso de identificación múltiple.

En un momento del acontecer grupal aparece en el escenario (que sería el grupo) un doble acontecimiento: beneficioso y catastrófico a la vez.

La catástrofe externa pone todo en revisión (podría ser una situación de pérdida actual o desencadenante). La catástrofe interna es la depresión básica tal como explicaremos más adelante.

Aparecen luego otros personajes, que en la tragedia griega se van reuniendo en dos subgrupos: el blanco, que representa la vida y el amor (Eros), la construcción, la creatividad, el reconocimiento, la gratitud (es decir, lo bueno); y el negro, que representa la muerte (Tánatos), el odio, la destructividad, la envidia, la ingratitud (es decir, lo malo).

Pero si a este esquema le agregamos lo desarrollado por Pichon respecto al teatro griego, el esquema quedaría así (centrífugo-centrípeto):

Este esquema es la forma en que yo interpreto la visión de Pichon respecto al portavoz, aún cuando Pichon no explicita el concepto de portavoz tal como la escuela francesa.

Sin embargo, he pensado en otro posible enfoque que abarca la noción de emergente, que será desarrollado más adelante en términos de situación. En este enfoque lo central es la situación del grupo (emergente), y los portavoces por un lado se configuran alrededor de ésta, y por otro son quienes determinan su estructuración.

He simplificado el esquema con un solo portavoz, a los fines de hacerlo más didáctico, pero no debemos olvidar que muchas situaciones se estructuran a través de varios portavoces.

Unidad de operación: existente-interpretación-emergente

Lucien Goldman en su exposición sobre el método estructuralista genético, señala que éste parte de la hipótesis de que todo comportamiento humano es un ensayo de dar una respuesta coherente y significativa, una respuesta adaptativa a una situación dada, y que tiende a crear una situación de equilibrio entre el sujeto y el medio que lo rodea. Este equilibrio es precario ya que las conductas modifican al medio, y éste a su vez exige nuevas respuestas adaptativas que engendrarán a su vez nuevas tendencias al equilibrio. Las realidades humanas, la historia toda, aparece entonces como un proceso a doble faz: desestructuración de articulaciones anteriores, de relaciones internas previas, y estructuración de nuevas situaciones. La lectura de un proceso implica entonces iluminar qué tipo de estructuración se abandona y qué tipo de reestructuración se obtiene.

Veamos ahora cómo Pichon desarrolla el concepto de emergente. En un principio asimila portavoz y emergente. El punto de partida de su especulación es la emergencia de la enfermedad mental en el grupo familiar. El enfermo es el "emergente" de una situación.

Más tarde, en 1969, en "Estructura de una escuela destinada a la formación de psicólogos sociales" lo define como "conducta nacida de la organización de distintos elementos, acontecimiento sintético y creador que aparece como respuesta a la interpretación". Y en 1970, en "Transferencia y contratransferencia en la situación grupal", lo describe como una cualidad nueva que aparece en el campo, y que como signo nos remite a lo implícito de la interacción grupal. Entonces, la situación grupal de enfermedad es "lo emergente", y el portavoz es el vehículo a través del cual se manifiesta este emergente.

Es decir, que en la unidad de operación debemos distinguir: el existente, que es toda situación dada en el grupo. Es algo que aparece en un momento dado. Si vemos la etimología de la palabra proviene del infinitivo, del latín exsistere, que quiere decir: salir, dejarse oir, nacer, elevarse por encima de. Si es todo lo que existe, abarca tanto lo explícito como lo implícito de la situación grupal.

Este existente, comprendido por el agente corrector, motiva en él una interpretación que propone una nueva perspectiva que esclarece las dificultades y que modifica las situaciones, cambio que se expresa en un emergente que cierra el ciclo.

Es decir, que el emergente surge como respuesta a la interpretación; es la estructuración de una situación grupal. Es el signo del proceso de desestructuración de una situación previa y de la reestructuración de una nueva.

En ese estructurarse-desestructurarse lo emergente es una cualidad nueva que aparece en el campo, y nos remite como signo a relaciones implícitas, a las causas de su produccción.

Es un acontecimiento sintético en la medida en que organiza elementos del campo, y también como superación de antítesis. Y es signo en la medida en que permite descifrar la significación de lo que sucede en dicho campo.

Pero ese emergente constituye al mismo tiempo el último paso de un ciclo anterior y el primero de un nuevo ciclo. Es decir, se transforma en un nuevo existente que da lugar a un nuevo ciclo. Se cumple así la espiral dialéctica de la dinámica grupal, donde a cada vuelta de la espiral pasa por los mismos puntos pero a otro nivel más amplio, que abarca, contiene a los anteriores.

Nociones de pretarea, tarea y proyecto.

Otro aspecto de la dinámica grupal es que a veces el grupo se estereotipa, como defensa frente a la ansiedad que genera la posibilidad de cambio, en la medida en que éste significaría enfrentar las ansiedades psicóticas más graves que se manifiestan sintomáticamente.

Aparece así un momento del grupo al cual denominamos pretarea, en el cual predominan los necanismos de disociación con instrumentación de las técnicas esquizoparanoides, disociando por un lado lo bueno de lo malo con el fin de preservar lo bueno, y por otro, disociando el sentir, del pensar y del hacer.

Lo latente detrás de esta dificultad es el intento de eludir la elaboración del núcleo depresivo. Todos los mecanismos de la pretarea son dispositivos de seguridad que tratan de poner a salvo al sujeto de los sentimientos de ambivalencia y culpa, y del sufrimiento propios de la situación depresiva básica.

Por consiguiente, lo que caracteriza a esta etapa son las distintas formas de no entrar en la tarea, mecanismo de postergación que oculta la dificultad para tolerar la frustración de iniciar y terminar tareas, lo cual trae paradójicamente una constante frustración.

El momento de la tarea consiste en la elaboración de ansiedades, y la emergencia de una posición depresiva básica en la que se puede abordar el objeto de conocimiento, al romperse la pauta de estereotipia y disociación que estancó el proceso de aprendizaje y deterioró la red de comunicación.

La tarea es el ámbito de la elaboración de los cuatro momentos de la función operativa: estrategia, técnica, táctica y logística. Luego de elaborar la estrategia operativa en el mundo interno y sobre la base dicha planificación, el sujeto (o el grupo) pueden orientar la acción futura, es decir, aparece el proyecto emergiendo de la tarea.

Otro aspecto que consideramos como índice de la operatividad del grupo es el grado de creatividad. Esta se da en la medida que se enfrentan tareas nuevas con técnicas diferentes - lo cual implica posibilidad de aprendizaje - rompiéndose así los estereotipos y haciéndose así el grupo más plástico y operativo.

Una tarea fundamental del grupo es justamente la re-creación del "objeto destruido", núcleo de la depresión básica del cual son portadores los integrantes del grupo, y que perturba la correcta lectura de la realidad.

La situación patogenética depresiva , punto de partida de toda enfermedad mental, se resuelve a través de la recreación progresiva del objeto destruido internamente, a través de la tarea grupal.

Los procesos de aprendizaje y comunicación posibilitan realizar dicha tarea, que consiste entonces en la elaboración de la situación patogenética no elaborada, y de su consecuencia, la regresión y fijación en la etapa esquizoparanoide, con la correspondiente perturbación en la lectura de la realidad y el bloqueo de las emociones, fantasías y afectos.

La situación correctora permite a los integrantes del grupo un aprendizaje de la realidad con una progresiva adecuación de los esquemas referenciales de los distintos miembros, lo cual les permite una percepción de sí mismos y de los otros no distorsionada por el modelo arcaico y repetitivo del estereotipo. Al lograr esta percepción disminuyen las ansiedades básicas, y el sujeto modifica su actitud ante el cambio haciéndola menos resistente. En este proceso de maduración emergerá el proyecto.

En la aplicación de la técnica del grupo operativo al campo más específico de la enseñanza, las nociones de pretarea, tarea y proyecto adquieren algunas características particulares.

En la pretarea se da una evitación de la tarea prescripta (en este caso: trabajar sobre la clase), se dan vueltas alrededor del tema sin entrar de lleno, se divaga.

Este es un momento normal en todo grupo. Pero si el grupo se queda ahí, si se estereotipa, la productividad grupal se anula. En la pretarea aparecen los miedos básicos y sus ansiedades correspondientes, que funcionan como obstáculos epistemofílicos. Frente a lo nuevo y desconocido de la información, y a la proposición de cambio con respecto a los sistemas clásicos de aprendizaje, aparecen la resistencia al cambio y los mecanismos de disociación propios de esta etapa.

En este momento el grupo se ve sometido a la tensión de dos exigencias de signo contrario. Por un lado la resistencia al cambio (seguir con todo lo anterior), y por otro, el proyecto (lo nuevo, lo que va a venir). Esto genera en el grupo una tensión que a veces se resuelve a través de situaciones transaccionales: el grupo entra en la impostura, en el "como si" estuvieran en tarea. Pero se ve que no es así por la excesiva distancia, o por la intelectualización con que se trata el tema.

(Y por la disociación entre el sentir, el pensar y el actuar).

También puede darse que el grupo "se meta de golpe" en la tarea, sin pasar por la pretarea. Esto puede ser una conducta contrafóbica motivada por la ansiedad persecutoria.

Tarea: este concepto incluye algo más que trabajar el tema de la clase. Incluye la toma de conciencia o insight, a través de la elaboración de los miedos básicos. Es decir, hay dos tareas: una explícita (reelaborar la información) y otra implícita (elaboración de las ansiedades y ruptura de los mecanismos de disociación que perturban el proceso de aprendizaje). La primera no puede darse bien sin la segunda. Es así como se produce el abordaje del grupo al objeto del conocimiento.

La tarea es el ámbito donde se elaboran los cuatro momentos de la acción operativa: logística, estrategia, táctica y técnica. La logística es la observación del campo enemigo (en este caso la resistencia al cambio), que nos permite detectar cuáles son las fuerzas contra las que vamos a luchar. La estrategia es la planificación a largo alcance. Cuáles son los objetivos finales y cual es el trayecto que debemos seguir para llegar a ellos. La táctica es la forma en que empleamos ese plan en la práctica.

Son los pasos que vamos dando, el momento, el lugar y la manera cómo los damos. Todo eso requiere "tacto". La técnica son los distintos recursos o intrumentos, y las formas como se los utiliza para operar en el campo. Esos cuatro pasos pueden ser sucesivos o simultáneos; si la tarea sale mal hay que averiguar en cual de ellos hay una dificultad.

Proyecto: al elaborar una estrategia operativa el grupo orienta la acción y aparece el proyecto emergiendo de la tarea, lo cual permite una planificación para el futuro. El grupo se plantea objetivos que van más allá del aquí y ahora. Pero en el aquí y ahora ese proyecto apunta a superar la situación de pérdida (o de muerte) que sienten al darse cuenta que han terminado la tarea y que se acercan a la finalización del grupo y a la separación.

Transferencia a nivel grupal.

En el grupo operativo es fundamental analizar los fenómenos transferenciales tomando en cuenta la relación del grupo con la tarea.

La transferencia en el ámbito individual implica que ciertos hechos del pasado, con sus correspondientes afectos, son transferidos por el paciente en el presente sobre el terapeuta. Es el famoso: "Aqui-ahora y conmigo", tal como fue antes en otro lugar y con otro, se reproduce el mismo afecto que forzó en el pasado a desterrar un deseo y provocó un estancamiento en el aprendizaje, en el proceso de apropiación de la realidad.

Se da entonces lo que Freud llamó falsa conexión y aparece "el como si". La neurosis transferencial se da en la relación de a dos y el tercero actúa aquí por exclusión.
Si traducimos todo esto en términos grupales podríamos decir que "la transferencia es un proceso de adjudicación de roles inscriptos en el mundo interno de cada sujeto", es la manifestación de sentimientos inconscientes que apunta a la reproducción estereotipada de situaciones característica de la adaptación pasica. Esta reproducción está al servicio de la resistencia al cambio destinada a controlar los miedos a la pérdida y al ataque. Acá no hablamos de neurosis transferencial sino de procesos transferenciales, los cuales se dan en el grupo y los terceros actúan por presencia.

Para Ezriel, cuando se constituye un grupo cada uno de los integrantes proyecta sus fantasías inconscientes sobre los demás, relacionándose con ellos según esas proyecciones que se ponen de manifiesto a través de los mecanismos de adjudicación y asunción de roles.

Grupos operativos terapéuticos.

Una vieja problemática que se plantea es la referente a si un grupo operativo es un grupo terapéutico. Para Pichon el grupo operativo es un instrumento de trabajo, un método de investigación y cumple además una función terapéutica. Esta última función ha originado numerosas confusiones.

Una tarea realizada con eficiencia tiene indudablemente cualidades curativas, más todavia si a través de ella se esclarecen las dificultades de cada integrante frente a los obstáculos.

Así, cualquier déficit o distorsión del aprendizaje implica al mismo tiempo un déficit o distorsión en la personalidad del sujeto, y a su vez, todos los transtornos de la personalidad son transtornos del aprendizaje. El grupo operativo tiende, al romper los estereotipos, a posibilitar un reaprendizaje.

Cuando la técnica operativa es aplicada a un proyecto terapéutico en el cual implícitamente la tarea es la curación, la función terapéutica del grupo es obvia.
Los grupos operativos en general, en cualquiera de sus múltiples campos de aplicación, apuntan como objetivo a identificar los obstáculos que la tarea ofrece al grupo, resolverlo transformándolos en un proyecto.

Pichon solía decir que no se trata tanto de "curar" sino de "resolver" los obstáculos que frenan el desarrollo del individuo en el grupo, es decir, colocarlo en mejores condiciones de encontrar las propias soluciones.

La confusión en la que a veces cae en cuanto a si un grupo es terapéutico u operativo, es una confusión en parte terminológica y en parte de contenido. No existe en la práctica tal diferenciación. Lo que caracteriza al grupo operativo es una modalidad técnica, que consiste fundamentalmente en las características expuestas anteriormente: grupo centrado en la tarea, interpretaciones en verticalidad y en horizontalidad, elaboración de las ansiedades depresivas y paranoides, ruptura de los estereotipos, reparación de las redes de comunicación, superación de la resistencia al cambio, lectura crítica de la realidad, formación de criterios de adaptación activa, evaluación en términos de los vectores del cono, movilidad de roles, unidad de operación (existente-interpretación-emergente), encuadre de tiempo y espacio, roles fijos (coordinador y observador) y no fijos (resto de los integrantes), etc.

Entonces, esta técnica puede ser aplicada a un grupo, cualquiera fuera su tarea: enseñanza de las distintas disciplinas, teatro, música, deportes, empresas, terapia, etc.

La diferencia reside fundamentalmente en la tarea explícita que el grupo se propone realizar.

En un grupo terapéutico la tarea es la curación y el grupo estará centrado en eso.
La confusión proviene del hecho de que en otros grupos, aunque la tarea no sea la curación, el solo hecho de resolver los obstáculos y realizar un aprendizaje, ya es terapéutico de por sí. Pero en estos casos se trata sólo de un efecto. Podríamos decir que todo aprendizaje es terapéutico, sin temor a equivocarnos.

El grupo operativo que logra constituirse en equipo que aprende, ha logrado rectificar vínculos estereotipados, y por consiguiente, un cierto grado de efecto curativo.

El problema surge cuando en un grupo operativo de aprendizaje se produce una desviación de los objetivos del grupo y se transforma sin darse cuenta en un grupo terapéutico. Esto puede ocurrir cuando el coordinador establece mal el encuadre, o cuando se desarrolla un mal manejo técnico del grupo llevándolo a modalidades regresivas. He visto este tipo de situación cuando el coordinador de un grupo de aprendizaje se siente demandado desde el grupo y desde la institución en forma diferente. La institución ofrece a los alumnos formarse en una disciplina (por ejemplo, Psicología Social), a través del trabajo en grupo. Si los alumnos se fascinan con el trabajo en sí mismo, si su demanda no es aprender psicología social sino estar en grupo, el coordiandor puede verse atrapado en la demanda y asume el rol adjudicado de terapeuta. En estos casos se desvirtua el objetivo del grupo, se pierde la tarea (explícita) y el grupo cae en lo que llamamos "grupismo" u "ombliguismo" (grupo centrado exclusivamente en sí mismo).

Y acá entramos al tema central de esta discusión: ¿regresión o progresión?.

En un grupo terapéutico "clásico" se privilegia en la tarea un enfoque regresivo, y hasta se crean técnicamente condiciones que favorecen el desarrollo de la regresión.
De esta manera, cualquier situación que ocurre en un grupo terapéutico se le estudia fundamentalmente como reflejo de otra perteneciente al pasado.

Al mismo tiempo se privilegian las interpretaciones centrípetas (de afuera hacia adentro). Las situaciones grupales son analizadas como reflejo o dramatización de acontecimientos exteriores.

Ambas modalidades refuerzan la situación transferencial y generan un clima regresivo.

En el grupo operativo se da al revés. Se privilegia lo progresivo o prospectivo en la tarea. Todo acontecimiento que ocurre en el grupo es un ensayo de lo que se realizará luego y afuera. Aquí se privilegian las interpretaciones centrífugas (de adentro hacia afuera).

La transferencia tiende más a resolverse que a reforzarse, en la medida en que al privilegiar las conductas como ensayos de acciones futuras y en el exterior, se jerarquiza el proyecto y el grupo adquiere así una dimensión prospectiva (progresión). No olvidemos lo que explicábamos antes: el grupo operativo es un grupo centrado en la tarea. Y la tarea es el momento previo que apunta al desarrollo de un proyecto.

Sin embargo, a mi entender, las cosas no son nunca tan rígidas. En la práctica, un grupo operativo puede pasar por momentos regresivos; en realidad la misma dinámica del grupo lo va llevando a alternar entre ambas polaridades. Lo que pasa es que, tal como dijimos, se apunta a reforzar el polo de la progresión.

Cuando un obstáculo se repite, tal como plantea Ulloa, el grupo debe revisar sus antecedentes históricos, y en estos casos se realiza un manejo retrospectivo del mismo.

Pero esta regresión es operativa, y habitualmente no sobrepasa los límites de la historia grupal.

Otra situación que suele darse en los grupos operativos - y a la cual podríamos considerar como "regresiva" - o como cercana a una situación terapéutica, es cuando algún miembro del grupo presenta una dificultad o un déficit reiterado para el desarrollo de la tarea, que lleva a examinar el estilo personal y la problemática individual (verticalidad) de dicho integrante.

Sin embargo, recordemos por un lado, que la interpretación de dicha verticalidad va seguida de otra interpretación de la horizontalidad grupal. Y por otro, este abordaje de la verticalidad del sujeto no se centra en la investigación de las motivaciones arcaicas, sino que apunta a esclarecer y explicitar dicha problemática, en relación al grado de eficiencia que se logra para el desarrollo de la tarea.

Es decir, que se toma en cuenta el pasado pero se jerarquiza el presente (tarea), en función del futuro (proyecto-prospección-progresión).

Posiblemente algunos de estos conceptos no coinciden totalmente con los originalmente planteados por Pichon Riviere, sino que son conceptos personales, desarrollados a partir de sus ideas y de mi propia experiencia.

Remito al lector a la bibliografía a fin de poder discriminar en cuánto lo expuesto a lo largo de todo el capítulo refleja el pensamiento original de Pichon, y qué cosas he agregado de mi propia cosecha.

Los vectores del cono invertido.

El esquema original del cono invertido fue desarrollado por Pichon Riviere para representar gráficamente la dinámica entre lo explícito y lo implícito:

Lo explícito ocupa la base del cono ya que siendo lo observable, obviamente, es lo que ocupa más superficie visible. Lo implícito lo ubica en el vértice. Pero a mi entender lo ímplicito no es un punto. Por eso desarrollé una continuación del cono hacia abajo en forma de reloj de arena con líneas punteadas, para representar lo implícito. De esta manera, con lo implícito sucede como con el iceberg: la parte más grande es la que no se ve.

El cono está invertido porque representa gráficamente que lo implícito está "por debajo" de lo explícito.

Por dentro del cono circula la espiral dialéctica, que representa al proceso grupal y que, partiendo de los universales ubicados en el vértice, va ampliándose en cada vuelta abarcando distinto niveles de la dinámica.

Posteriormente Pichon agrega al esquema los vectores, que constituyen una escala básica de evaluación de los procesos de interacción grupal.

a) Afiliación y pertenencia: aquí se estudia el grado de identificación de los miembros del grupo, entre sí y con la tarea. La afiliación es un primer grado (más superficial) de identificación. El afiliado "no pone el cuerpo", guarda una cierta distancia. La pertenencia es un segundo grado (más profundo), que implica acortar las distancias.

Así, nos encontraremos con miembros del grupo que son pertenecientes, es decir, se sienten formando parte del grupo, se sienten parte de un "nosotros". En cambio, otros miembros no son pertenecientes sino afiliados, se sienten más en la relación "yo-ellos". A veces están y a veces no; nunca se sabe si se puede contar con ellos. No han pasado de la afiliación a la pertenencia, del yo al nosotros. Las motivaciones inconscientes que subyacen a este vector cabalgan sobre la base de la necesidad, fundamento motivacional del vínculo. Se juega aquí el conflicto necesidad-satisfacción, como determinante de la pertenencia al grupo. En la tarea del grupo es importante determinar quiénes son afiliados y quiénes tienen pertenencia. Sabemos, de todos modos, que existe una correlación permanente y directa entre afiliados y pertenecientes para hacer el gran conjunto que tiene que llevar la tarea adelante.

El grado de identificación con la tarea se mide por el grado de responsabilidad con que se asume el desempeño de la tarea prescripta, pero esto no es algo inmutable. Todo aquel que haya trabajado con grupos sabe que los gestores o impulsores de hoy, pueden ser los conspiradores de mañana, o viceversa; es decir, que los roles de aceptación o rechazo, como así también los grados de pertenencia, pueden invertirse en el curso del proceso corrector.

b) Cooperación: es la capacidad de ayudarse entre sí y al terapeuta; se da a través del desempeño de roles diferenciados y de la forma como se asumen esos roles. La cooperación se da en la medida en que los roles sean complementarios y no suplementarios, ya que estos últimos llevan a la rivalidad.

La cooperación se mide por el grado de eficacia real con que cada uno de los miembros del grupo participa para contribuir al logro o fracaso de la tarea. Eficacia real es la que se detecta en la realidad que emerge en las conductas, y no la que se declara intencionalmente. Es a través de la tarea que se comprueba quién coopera y quién obstaculiza: "en la cancha se ven los pingos".

c) Pertinencia: la pertinencia es la capacidad de centrarse en la tarea, que en el aquí y ahora es curarse, romper los estereotipos, redistribuir las ansiedades, vencer la resistencia al cambio, elaborar los duelos, redistribuir los roles, etc., y que en el hogar puede ser resover aspectos referidos al trabajo, la economía, la salud de los integrantes, la salud de los hijos, etc.
Es lo que permite mantener en su eje el sentido verdadero del proceso corrector: que lo que aparentemente es una reunión social donde "se van por las ramas", en un momento dado puedan "volver al tronco" y centrarse en la tarea. El problema surge cuando esta vuelta se torna dificultosa.

d) Comunicación: es una de las vertientes más demostrativas para detectar y visualizar las perturbaciones en los vínculos entre las personas. Aquí vemos las distintas formas en que se relacionan entre sí los miembros del grupo: uno hacia todos: líder; todos hacia uno: chivo emisario; dos o más entre sí excluyendo a los demás: subgrupos; todos con todos al mismo tiempo, y sin escucharse mutuamente: caos; todos con todos respetando y escuchando la intervención del otro: orden, buena comunicación.

Se estudian también la incomunicación y los cortocircuitos en el circuito comunicacional (emisor - receptor - canal - mensaje - feeback). En una primera aproximación nos encontramos con un emisor, un receptor y un mensaje que circula por un canal. Vamos a tratar entonces de detectar en qué parte del recorrido del mensaje están los cortocircuitos, y de esclarecer los malentendidos básicos tan comunes en la interacción grupal que se generan en la comunicación, ya sea por dificultades en quien emite el mensaje, o por dificultades en la comprensión del mismo por parte de quien lo recibe.

El malentendido es un sobreentendido, que por tan sobreentendido no es bien comprendido. Nos encotramos con situaciones de malentendido cuando: a) no existe un ECRO (esquema conceptual referencial y operativo) común entre emisor y receptor; b) cuando hay dificultades en el emisor, en el receptor o en el canal; c) cuando no se da un ajuste entre el contenido del mensaje y el cómo se lo emite (metacomunicación); d) cuando no hay ajuste entre las imágenes internas y la realidad exterior (correlación mundo interno-mundo externo).

Estudiamos aquí los secretos que aparecen en los grupos, que es algo que todos saben (algunos concientemente y otro no), pero nadie dice. También los secretos del grupo familiar de cada uno de los integrantes - a los cuales podríamos denominar, parafraseando a Freud, "la novela familiar" - son fuentes de malentendidos. En general se trata de situaciones vergonzantes para el grupo familiar, como puede ser la presencia de alcoholistas, drogadictos, o algún enfermo mental en los antecesores; o episodios de infidelidad, ya sea matrimonial, religiosa, política, etc.

Es muy importante para la comprensión de la dinámica del grupo investigar cómo se comunican sus miembros. Seguiremos para hacer este análisis un modelo propuesto por Kesselman para indagar las modalidades de la comunicación, entendiendo que ésta puede darse en tres niveles a los cuales denominaremos, según el tipo de relación que el sujeto establece con quien se relaciona, y tomando los términos de las fases de la líbido: oral, anal y genital.

a) Nivel oral: es el más regresivo, se caracteriza por la queja y el reproche constantes. Hay una permanente demanda hacia el otro, se espera del otro que suministre todo. Aparecen deseos de vaciar al otro con exigencias de suministro y de cambio; la expectativa de cambio es que todo lo que tiene que cambiar debe provenir del otro. El sujeto piensa que si el otro no suministra o no cambia, no es porque no puede sino porque no quiere.

Predomina entonces la ansiedad paranoide persecutoria. Frente a esta situación debemos buscar la otra ansiedad, la ansiedad depresiva que está latente.
Estos sujetos no toleran que el otro pueda dar o no dar, no toleran la ambivalencia (que el otro pueda ser "bueno o malo", gratificante o frustrante al mismo tiempo), y no toleran que el otro no responda a su deseo.

Por más que el otro de, el sujeto se queja que no se le dio nada, o que lo que se le dio no sirve para nada, y que en definitiva está vacío. Pero lo latente de esta situación es que él siente que el otro está vacío, porque él lo ha vaciado, y que él no le ha dado nada.

No hay miedo a la pérdida porque no hay conciencia de que se pueda perder al otro. Se necesita del otro y se está seguro, por consiguiente, de que no se va a separar de él por más reproches que se le hagan. Las sorpresas vienen cuando el otro se canda de dar siempre, y dice basta. Estos sujetos no valorizan al otro hasta el momento en que lo pierden; es como si recién entonces pudieran reconocer todo lo que el otro les da y todo lo que significa para ellos. Se trata de un nivel narcisista en el cual se exige que los otros satisfagan todos los deseos, y por más que los otros brinden siempre esta la queja o el reproche.

La frecuencia de interacción es como la relación del bebé con el pecho: varias veces por día (estas frecuencias de interacción han sido fijadas a manera de ejemplo).

b) Nivel anal: es menos regresivo, se caracteriza por períodos o ciclos donde alternan la expulsividad y la retentividad. Hay explosiones y ataques violentos hacia el otro, que son seguidos por reacciones de arrepentimiento, acompañadas de una conciencia piadosa y culposa de autoacusación, y de un intento de reparar el daño causado. Son ciclos donde alternan los estallidos y las reconciliaciones.

Estos sujetos tienen una gran dificultad para terminar de juntarse o de separarse definitivamente. Es un nivel evolutivo superior al anterior (nivel oral), dentro de las modalidades de la comunicación, ya que aparece una reflexión que, aunque temporaria, considera la necesidad del otro. Aquí ya aparece el miedo a la pérdida - hay sentimientos de culpa - y su correspondiente ansiedad, la ansiedad depresiva.

La frecuencia de estos ciclos de interacción es de una vez por semana.

c) Nivel genital: es el más evolucionado o maduro de los niveles de comunicación. Prevalece Aquí la capacidad de identificación, y el deseo de proteger al otro de destrucción, o de repararlo si es que se lo atacó antes. Se busca qué grado de responsabilidad tiene uno en lo que está pasando, y qué tendría uno que cambiar para que las cosas mejoren.

En este nivel se da la posibilidad de que uno se ponga en el lugar del otro y pueda así comprender lo que le pasa. No se pretende que todo el cambio provenga del otro, sino que puedan preguntarse qué estarán haciendo cada uno para que los otros reaccionen de esa manera.

Es el más difícil de alcanzar, y se logra de vez en cuando.

e) Aprendizaje: se da por sumación de la información que cada uno de los integrantes de grupo aporta a la tarea.

Relacionamos este vector con el criterio de adaptación activa a la realidad, modificadora tanto del sujeto como del medio en un proceso de interacción dinámica.
Entendemos también por aprendizaje la capacidad del grupo y de cada uno de sus integrantes para desarrollar conductas alternativas frente a los obstáculos, es decir, la capacidad para no repetir siempre las mismas conductas.

d) Telé: es un término creado por Moreno, que significa la disposición positiva o negativa para interactuar más con unos miembros que con otros. Es un sentimiento de atracción o de rechazo, de simpatía o antipatía.

Podría hablarse en términos de transferencia positiva o negativa, pero preferimos utilizar el término telé que significa una disposición para actuar, al mismo tiempo que contiene el significado de: "a distancia". Esto viene a que, al encontrarnos en un grupo con los otros miembros del mismo, aparecen -"de entrada" y "a distancia"- esos sentimientos de atracción o de rechazo.

Es una cosa "de piel"; sin saber bien por qué sentimos simpatía o antipatía hacia unos u otros. El por qué de esto está en el hecho de que todo encuentro es un re-encuentro, y nos remite a personajes arcaicos de nuestro mundo interno, es decir, a personas que en algún momento favorecieron o perturbaron nuestro desarrollo.

Decimos entonces que toda situación actual es heredera (o heredada) de otra situación anterior. Sin saber muy bien por qué cada sujeto puede agruparse con algunas personas y en cambio rechaza a otras. Cuando decimos: es una cosa de piel, es porque consideramos a la piel como el órgano de choque del ser humano en su relación con el mundo exterior, y por consiguiente la podemos considerar en el lenguaje cotidiano como la residencia de la Telé.

Decíamos que a distancia, a primera vista, se produce una atracción o rechazo. En realidad, de acuerdo con lo que expusimos anteriormente, es siempre a "segunda vista".

Una telé negativa puede perturbar mucho la tarea del grupo. Por eso es muy importante detectar qué es lo que se está proyectando, y demostrar las raíces profundas y a veces irracionales de esa proyección.

Los vectores del cono no son compartimientos estancos. Se interrelacionan dinámicamente. No están ubicados así por casualidad. Tiene un sentido y una direccionalidad el hecho de que estén ubicados en ese orden.

Los hemos ido explicando siguiendo un orden de arriba hacia abajo. Para explicar más claramente como aplicarlos a la lectura de la dinámica grupal he desarrollado un juego al cual denomino: "el juego del ascensor", que consiste en seguir el camino inverso en cada una de las vertientes o lados del cono, es decir, en ir de abajo hacia arriba.

Si detectamos una falta de pertinencia o una pertinencia negativa (es un grupo que no se puede centrar en la tarea), significa que algo anda mal en el vector inmediato superior, en la cooperación; es decir, predominan las fuerzas del retroceso. Y si hay una perturbación en la cooperación, esto nos remite a que algo está fallando más arriba en el vector pertenencia; es decir, que no han podido hacer el pasaje de la afiliación a la pertenencia, del yo al nosotros. Muchas veces nos encontramos con situación de impostura, en donde los integrantes del grupo hacen "como si" hubieran pasado de la afiliación a la pertenencia, pero en realidad es una pseudo-pertenencia.

En la otra vertiente del cono, cuando nos encontramos con una telé negativa que perturba la marcha del grupo en la medida que paraliza o inhibe la relación entre los integrantes, y que aparece como irreductible, como difícil de modificar, esto significa que algo está fallando en el nivel superior, en el vector aprendizaje. Ahí tenemos que preguntarnos cual es la naturaleza del obstáculo epistemofílico que impide recuperar otras formas de relación afectiva distintas de las que se están repitiendo estereotipadamente. Es decir, no pueden aprender conductas alternativas, no pueden relacionarse con los otros de una manera diferente. Y esto nos remite al vector superior: algo anda mal a nivel de la comunicación y hay que detectar dónde están los cortocircuitos y los malentendidos que obturan el circuito comunicacional, fijando la comunicación en niveles libidinosos regresivos. Porque, como decía Pichon, comunicación y aprendizaje van juntos, corren paralelos como los rieles del ferrocarril, y toda perturbación en la comunicación lleva indefectiblemente a una alteración en el proceso de aprendizaje de la realidad, punto de partida de la enfermedad mental.

Definición de grupo.

En función de todo lo desarrollado hasta aquí estamos ahora en condiciones de plantear la definición de grupo.

Para Pichon Riviere un grupo es un conjunto restringido de personas que, ligadas por constantes de tiempo y espacio y articuladas por su mutua representación interna, se propone en forma explícita o implícita la realización de una tarea que constituye su finalidad, interactuando para esto a través de complejos mecanismos de adjudicación y asunción de roles.

En realidad esta definición es el resultado de la unión de dos definiciones de grupo que daba Pichon y que he unido en una, agregando algunos términos que permiten dar coherencia y continuidad entre ambas.

Las nociones de encuadre, tarea y roles ya han sido desarrolladas. Por consiguiente tomaré solamente la de mutua representación interna ligada a la noción de vínculo.
A través de la interacción continuada y de los procesos de comunicación y aprendizaje los integrantes de un grupo van estableciendo vínculos, y cada uno va internalizando a los demás. Se da lo que Sartre llama: proceso de interiorización recíproca, que marca junto con la transformación de los intereses comunes en "intereses en común" el pasaje de la serie al grupo.

Para Pichon Riviere esto mismo se da en términos de pasaje de la afiliación a la pertenencia (que explico como el pasaje del "yo a nosotros"), que se produce en la medida en que el grupo, por un lado, desarrolla la mutua representación interna, en donde cada integrante al ser internalizado por los otros pasa a formar parte de su grupo interno, y cada uno sabe que cuenta con los demás; y por otro, en la medida en que el grupo en función de la necesidad, fundamento motivacional del vínculo, establece objetivos comunes y se propone para lograrlo la realización de una tarea.

Conclusión y síntesis.

Este trabajo es una síntesis de lo que desarrollé, en forma ampliada, en un trabajo denominado: "Los siete triángulo" que fue presentado en 1975 en Acapulco, México, en el VIII Congreso Latinoamericano de Psiquiatría. Tiene además otros conceptos como los de ECRO, vínculo, salud y enfermedad, procesos de maduración y desarrollo (o teoría de la enfermedad única), que si bien no se refieren directamente al tema psicoterapia de grupo son aportes significativos de Pichon Riviere a las ciencias de salud mental, y de alguna manera se relacionan con la temática de grupos.

Por otro lado, creo que la posibilidad de visualizar gráficamente esta estructura teórica de conceptos hace más fácil su comprensión.

CONTRIBUCIONES DE ENRIQUE PICHON RIVIÈRE A LA PSICOTERAPIA DE GRUPO.
Minimizar
Marcos Berstein


Pichon Riviere contribuyó de muchas maneras a la psicoterapia de grupo. Es importante rescatar aquí la evolución histórica de esas aportaciones. Las primeras provienen de sus experiencias con grupos familiares, que comienzan ya en la década del 30 cuando, siendo aún estudiante de medicina, trabaja en el asilo de Torres, una institución para niños oligofrénicos. En esa investigación describe un síndrome al cual denomina Oligotimia. Los oligotímicos aparecían como niños rosaditos y muy lindos, a diferencia de los oligofrénicos, que tenían base orgánica y presentaban estigmas físicos degenerativos. Sin embargo, los oligotímicos presentaban una grado de retraso mental significativo. Ahí comienza Pichon sus primeras investigaciones sobre el grupo familiar de esos niños, y descubre que el retardo es debido en esos casos a carencias afectivas sufridas en la temprana infancia en el seno del grupo familiar. Su investigación en el grupo familiar sigue como Jefe en el Servicio de Admisión en el Hospicio de las Mercedes a comienzos de la década del 40, en donde, estando en dicho servicio ve cómo llega el paciente a la internación. Recibe al paciente en estado de crisis y ve ahí la eclosión o reactivación del proceso psicótico. De ahí, la presencia o la ausencia de la familia resulta siempre significativa, por la forma en que se da la presencia o las formas de interacción, o por la ausencia de la familia. Y ahí es cuando comienza a investigar el cuadro del abandonismo familiar, de la segregación del enfermo mental, la depositación en el hospicio y luego "el hospitalismo", en donde los pacientes se negaban a salir porque no querían volver al grupo familiar.

De alguna manera poseían la percepción de que ahí era donde se habían enfermado y que mientras no se modificara la situación originaria, corrían el riesgo del volver a enfermarse. Todavía esta forma de abordaje de la enfermedad se daba en una forma asistemática, espontánea. Se le suma luego la tarea como Jefe de la sala del Servicio de Adolescentes, cuya fecha de creación no está bien delimitada, es entre 1943 y 44 y que es cerrada por razones políticas en el 47. En ella indaga la relación entre la enfermedad, esquizofrenia en la mayoría de los casos, y la situación familiar. Investiga la forma del vínculo, la situación desencadenante y observa las situaciones de pérdida o de privación como constante.

Estas hipótesis de Pichon comienzan a tomar forma y a partir de ellas desarrolla su noción de grupo interno que se pone de manifiesto en el vínculo transferencial. Grupo interno como escenario en el cual se recrean objetos, relaciones, vínculos. Y comienza a desarrollar su hipótesis del portavoz. Existe una relación de causalidad no lineal sino dialéctica entre la estructura y la dinámica del grupo familiar y la estructura dinámica del grupo interno o mundo interno del portavoz. Entonces surge la noción de portavoz que es fundamental. Hoy en día hablamos de paciente identificado siguiendo las nuevas corrientes, pero ya en aquella época, estamos hablando de la década del 40, Pichon comienza a usar el término de portavoz para referirse al enfermo mental aparece como el "depositario" de todas las patologías y ansiedades de su grupo familiar, los cuales son entonces los "depositantes". Y lo que "depositan o lo depositado" son justamente esas ansiedades, esa patología.

Pasemos ahora a revisar la conceptualización teórica de esas experiencias y su aplicación en el campo de la dinámica de grupos.

La resistencia al cambio
Todo proceso de curación implica cambio. La actitud ante el cambio puede ser positiva y hablamos entonces de actitud de cambio, o negativa a la cual llamamos resistencia al cambio. Frente a las situaciones de cambio surgen dos miedos básicos: el miedo a la pérdida y el miedo al ataque. El primero es el miedo a perder lo que ya se tiene (por ejemplo: marcos referenciales previos, beneficios secundarios del síntoma, adaptaciones pasivas a la situación de enfermedad, etc.). El segundo es el temor frente a lo desconocido que puede ser peligroso y frente a lo cual sentimos que no estamos instrumentados para manejar la nueva situación.

Ambos miedos se conjugan en el dicho popular: "más vale malo conocido que bueno por conocer".

Al miedo a la pérdida corresponde la aparición de una ansiedad depresiva y al miedo del ataque la aparición de una ansiedad paranoide o persecutoria. Cuando el monto de estas ansiedades es muy elevado, determina la aparición de la resistencia al cambio. Para Pichon estas ansiedades funcionan como obstáculos epistemofílicos (modificando la noción de obstáculo epistemológico de Bachelard), es decir, aquellos que perturban el aprendizaje desde una problemática emocional-afectiva. Y cuando hablamos de aprendizaje entendemos todos los aprendizajes, desde los primeros que realiza el bebé en su relación con la madre, pasando por el aprendizaje de roles en el grupo familiar y por todos los que realiza en su proceso de adaptación activa a la realidad.

Decíamos que todo proceso de curación implica cambio. La psicoterapia de grupo no escapa a esta regla universal.

La técnica de grupos operativos se centra en la movilización de estructuras estereotipadas, y de las dificultades de aprendizaje y comunicación producidas por el monto de ansiedad que provoca todo cambio.

Por dicha movilización captamos en el aquí-ahora-conmigo y en la tarea de grupo el conjunto de afectos, experiencias y conocimientos con los que los integrantes de un grupo piensan y actúan, ya sea en el nivel individual o grupal.

En el grupo operativo, instrumento adecuado para abordar la enfermedad, coinciden el esclarecimiento, la comunicación, el aprendizaje y la resolución de la tarea, ya que a través de ésta última es posible resolver las situaciones de ansiedad.

Retomemos ahora los miedos básicos, refiriéndonos más específicamente al Yo del sujeto. En el grupo operativo se instrumenta un proceso terapéutico que pasa fundamentalmente por la disminución de los miedos básicos, en términos de miedo del ataque al Yo y miedo a la pérdida del objeto. Estos miedos paralizan al Yo y lo vuelven impotente. A través de la técnica operativa se fortalece el Yo del paciente, lográndose así una adaptación activa a la realidad.

Esta técnica jerarquiza como tarea grupal la construcción de un ECRO (esquema conceptual, referencial y operativo) común, condición necesaria para establecer una comunicación a partir de la afinidad de los esquemas referenciales de emisor y receptor. Elaborar el ECRO común implica un proceso de aprendizaje.

La tarea depende del campo operativo del grupo. Si se trata de un grupo referido al aprendizaje de cualquier disciplina, la tarea consiste en la elaboración y resolución de las ansiedades relacionadas con el abordaje al objeto del conocimiento, facilitando de esta manera la incorporación de una información realmente operativa.

En un grupo terapéutico la tarea es resolver el común denominador de la ansiedad del grupo, que en cada integrante toma características particulares.

Si la tarea es la curación, los miembros del grupo al compartir un ECRO pueden reparar las redes de comunicación dañadas en el proceso del enfermarse, pueden reaprender, fortalecer su yo y superar la resistencia al cambio. La evaluación de esta etapa la realizamos en base a los criterios de adaptación activa a la realidad que implica la posibilidad del sujeto de modificarse a sí mismo al mismo tiempo que modifica el medio, en una integración dialéctica mutuamente transformadora que se retroalimenta.

Es decir, que el sujeto es modificado por el medio ambiente (en este caso el ambiente es el grupo, el cual cumple por consiguiente una acción correctora), pero lo más importante es que él a su vez se transforma en un agente de cambio.

Los roles. Verticalidad y horizontalidad
A partir de esto, los roles de fijos y estereotipados, pasan a ser funcionales, intercambiables y operativos. El grupo adquiere así una dinámica más fluida a través de la tarea y cada paciente adquiere una conciencia de su propia identidad y de la de los demás. En el grupo se da un juego de adjudicación y asunción de roles. La plasticidad de los roles permite asumir roles complementarios y suplementarios.
En la medida en que un grupo operativo se propone la curación de sus integrantes, se centra en la ruptura de los estereotipos en los mecanismos de adjudicación y asunción de roles y los pacientes logran así modificar sus vínculos internos y externos.

El grupo operativo está centrado en la tarea y su finalidad es aprender a pensar en términos de resolución de las dificultades manifestadas en el campo grupal, y no en el de cada uno de sus integrantes, lo cual sería un psicoanálisis individual en grupo.

Sin embargo, tampoco está centrado exclusivamente en la dinámica de grupo tal como en las concepciones gestálticas, sino que en cada aquí-ahora-conmigo en la tarea se opera en dos dimensiones, constituyendo así una integración de diferentes corrientes.

El paciente que enuncia algo es al mismo tiempo portavoz de sí mismo y de las fantasías inconscientes del grupo. Técnicamente, las interpretaciones se realizan por consiguiente en dos direcciones; por un lado se interpreta al portavoz, el cual por su historia personal es muy sensible al problema subyacente, y que actuando como radar detecta las fantasías inconscientes del grupo y las explicita. Por otro lado, se señala que lo explicitado es también un problema grupal producto de la interacción de los miembros del grupo entre sí, con el terapeuta y con la tarea. Y que el portavoz por un proceso de identificación subliminal percibe y enuncia. Es decir, que una vez señalados los aspectos individuales o motivacionales del portavoz, la interpretación apuntará a develar los aspectos grupales latentes, adquiriendo de esta manera una dimensión horizontal.

Se da así la articulación de dos niveles en el grupo, la verticalidad y la horizontalidad. La verticalidad está relacionada con la historia, con lo personal de cada integrante, que le permite asumir ciertos roles que han sido adjudicados por los demás.

La horizontalidad es lo compartido por el grupo, el común denominador que los unifica, que puede ser de naturaleza consciente o inconsciente. Cuando son de naturaleza inconsciente se los denomina universales de grupo o fantasías básicas universales.
La verticalidad de cada integrante, lo individual, su historia, lo colocan en situación de establecer una falsa conexión o reactualización emocional, operándose así un proceso transferencial.

En otras palabras, ciertos hechos presentes del aquí-ahora-conmigo del grupo reactualizan acontecimientos históricos de cada uno de los integrantes; en cada situación emergerán así distintos integrantes que se convierten en portavoces del conflicto, que es vivido como propio para cada uno, pero que denuncia al mismo tiempo el conflicto de la situación grupal en relación con la tarea. A veces esta situación grupal solo puede decodificarse a través de lo verbalizado o actuado por varios portavoces.

La verticalidad del sujeto y la horizontalidad del grupo se conjugan en el rol. La interpretación deberá ser consiguiente, tal como decíamos antes, incluir varios niveles, ya que el portavoz enuncia el problema en la medida en que por su historia personal se encuentra cerca de ese contenido.

El portavoz
El concepto de portavoz, tal como señalé, históricamente comienza con el estudio que realiza Pichon con los grupos familiares de los pacientes en el hospital neuropsiquiátrico. La enfermedad mental no es la de un individuo aislado, sino el resultado de la patología de su grupo familiar. El enfermo desempeña un rol, es el portavoz de esa situación y se da el juego de las depositaciones, el juego de las tres D antes mencionado . Al ser depositario de aspectos negativos o atemorizantes del grupo se lo transforma en chivo emisario y aparece el fenómeno de segregación. El enfermo es segregado del grupo familiar.

El monto de segregación dependerá del tipo de ansiedades que predominan. Si predomina la ansiedad depresiva, significa que la familia tiene todavía cierta capacidad de integración y de tolerancia de la ambivalencia. El grado de segregación es menor (por lo general dentro de la casa). En cambio, si predomina la ansiedad paranoide, la familia se maneja con mecanismos de disociación altamente persecutorios. El grado de segregación es mayor y el enfermo es expulsado fuera de la casa y "depositado" en una institución.

A partir de todo esto Pichon extiende el concepto de portavoz a los grupos operativos. Portavoz es aquel que en un momento determinado dice algo, y eso que dice o hace es el signo de un proceso grupal que estaba latente. El portavoz no tiene conciencia de la significación grupal que tiene lo que enuncia. Y ahora hago un juego de palabras: el portavoz con lo que "enuncia", "denuncia". Es decir, él dice algo que vive como propio, pero subliminalmente percibe algo que sucede en el grupo y puede expresarlo porque, por su historia personal, se encuentra más cerca que los demás de dicha escena. El denuncia el acontecer grupal, las fantasías, ansiedades y necesidades.

El subgrupo negro le prepara una trampa al blanco , y a veces éste contraataca. Esto constituye las ya mencionadas estrategia, táctica, técnica y logística.

Al igual que en la tragedia griega, las peripecias entre blancos y negros siguen un desarrollo en el cual se entremezclan, se intercambian, pasan por estadios "grises", y se ensombrecen, hasta que la situación se esclarece.

Hay un magnífico dibujo de M.C. Escher titulado "Encounter", que muestra claramente esa categoría de pasaje que se da entre los subgrupos blancos y negros. En otras palabras, nadie es totalmente bueno o totalmente malo. En la situación grupal "los buenos" de hoy pueden ser "los malos" del mañana y viceversa.

Voy a realizar ahora un breve comentario comparativo con la escuela francesa (Anzieu, Kaës, etc.), la cual retoma el concepto de resonancia fantasmática planteado por Foulkes como resonancia inconsciente en 1948, y por Ezriel como resonancia fantasmática en 1951, quienes aplican al grupo el principio de resonancia tomado de la física. Recordemos que en 1450 aparece el concepto de la resonancia acústica, que en 1862 es ampliado por el físico Helmholz quien lo extiende al campo de la óptica y de la electromagnética.

Un sistema físico puede ser puesto en vibración aún con una frecuencia muy alejada de su frecuencia natural. Este efecto es débil, pero aumenta a medida que la frecuencia excitadora se acerca a la frecuencia natural del sistema, y cuando se ubica en dicha frecuencia natural, el sistema entra en "resonancia".

Para hacer más didáctica esta noción remito al lector al ejemplo práctico de la música. Recuerdo que en la escuela, en las clases de música, la profesora antes de empezar golpeaba un diapasón. Los chicos jugábamos a robarle los diapasones a la profesora y a hacerlos vibrar por resonancia. Es decir, uno golpeaba un diapasón, lo pone cerca de otro y sin haberlo tocado el otro diapasón comienza a vibrar, y si hay varios diapasones la vibración se va extendiendo por resonancia a todos. Este fenómeno depende de la longitud de brazos de cada diapasón; cuanto más cercana sea la longitud de brazos entre un diapasón y otro, más fácilmente y a mayor distancia van a comenzar a vibrar por resonancia.

En el grupo algunos miembros le van a servir a otros como soportes para sus pulsiones, es decir, puntos de identificación con los cuales un integrante puede identificarse con otro.

En esto se basa la resonancia fantasmática, que es el agrupamiento de algunos miembros sobre uno al cual se denomina "portador", que les hace ver a través de sus palabras o conductas sus fantasmas (fantasías) individuales inconscientes.
Todo el discurso del grupo se puede entender como la puesta en escena del fantasma de aquél que es el portador, al cual algunos responden ocupando posiciones incluídas en el escenario del portador.

El portador pone sobre el escenario del grupo sus fantasías inconscientes, es decir, emite, proyecta y provoca en los demás determinadas reacciones. Si a los demás integrantes les resuena el fantasma que este sujeto pone en escena, se enganchan, entran a "vibrar" por resonancia y ocupan un lugar en la escena que el portador propone.

Esto es posible porque los grandes temas del inconsciente son pocos, pero son universales. Los intercambios se dan con aquellos que son más cercanos al tema propuesto.

Para Ezriel la resonancia fantasmática se da cuando varias personas se encuentran, cada uno proyecta su fantasía inconsciente sobre los otros y trata hacerlos actuar de acuerdo a su fantasma.

Si los demás entran a jugar el rol adjudicado se establece una "tensión común", y las interpretaciones apuntarán al denominador común de las fantasías inconscientes de todos miembros.

Podemos representar esto gráficamente a través del siguiente esquema (centrífugo):



Si recordamos ahora el enfoque de Pichon Riviere sobre las tres D lo representamos gráficamente así (esquema centrípeto):

del grupo. Habla no solo por sí sino por todos, y en él se conjugan, por consiguiente, la verticalidad con la horizontalidad.

Cualquier acontecimiento que sucede en un grupo es una manifestación del contenido implícito de la situación grupal, que se realiza a través de lo expuesto por uno o varios integrantes que actúan como portavoces, desocultando o denunciando así lo latente de dicha situación. Por eso Pichon llamaba al portavoz el alcahuete o trovador-radar del grupo. Al desocultar su secreto nos muestra al mismo tiempo el contenido implícito de la fantasía grupal.

Analizando la "Poética" de Aristóteles, Pichon establece una comparación entre la relación portavoz-grupo y la "delegación expresiva", que se da en el teatro griego a través de la relación protagonista (portavoz-coro).

Delegación expresiva consiste en la depositación de fantasías, acciones, pensamientos o emociones en alguien que las pone de manifiesto a través de la desocultación.

Artistóteles describe a la creación dramática como un "arte destinado a mejorar a los hombres mediante el ejemplo evidente, espectacular de males que al acaecer a otros pueden también acaecernos a nosotros".

En el teatro griego los espectadores participaban activamente y al contemplar el espectáculo realizaban al mismo tiempo una verdadera catarsis emocional. Este proceso se realiza por identificación con el portavoz-protagonista. Aristóteles lo consideraba como una forma de terapia y es la forma más antigua que se conoce de psicodrama.

En el grupo operativo ocurre algo similar. El grupo actúa como espectador-participante frente al portavoz emerge y que representa al actor. Se produce así en el grupo un proceso de identificación múltiple.

En un momento del acontecer grupal aparece en el escenario (que sería el grupo) un doble acontecimiento: beneficioso y catastrófico a la vez.

La catástrofe externa pone todo en revisión (podría ser una situación de pérdida actual o desencadenante). La catástrofe interna es la depresión básica tal como explicaremos más adelante.

Aparecen luego otros personajes, que en la tragedia griega se van reuniendo en dos subgrupos: el blanco, que representa la vida y el amor (Eros), la construcción, la creatividad, el reconocimiento, la gratitud (es decir, lo bueno); y el negro, que representa la muerte (Tánatos), el odio, la destructividad, la envidia, la ingratitud (es decir, lo malo).

Pero si a este esquema le agregamos lo desarrollado por Pichon respecto al teatro griego, el esquema quedaría así (centrífugo-centrípeto):

Este esquema es la forma en que yo interpreto la visión de Pichon respecto al portavoz, aún cuando Pichon no explicita el concepto de portavoz tal como la escuela francesa.

Sin embargo, he pensado en otro posible enfoque que abarca la noción de emergente, que será desarrollado más adelante en términos de situación. En este enfoque lo central es la situación del grupo (emergente), y los portavoces por un lado se configuran alrededor de ésta, y por otro son quienes determinan su estructuración.

He simplificado el esquema con un solo portavoz, a los fines de hacerlo más didáctico, pero no debemos olvidar que muchas situaciones se estructuran a través de varios portavoces.

Unidad de operación: existente-interpretación-emergente
Lucien Goldman en su exposición sobre el método estructuralista genético, señala que éste parte de la hipótesis de que todo comportamiento humano es un ensayo de dar una respuesta coherente y significativa, una respuesta adaptativa a una situación dada, y que tiende a crear una situación de equilibrio entre el sujeto y el medio que lo rodea. Este equilibrio es precario ya que las conductas modifican al medio, y éste a su vez exige nuevas respuestas adaptativas que engendrarán a su vez nuevas tendencias al equilibrio. Las realidades humanas, la historia toda, aparece entonces como un proceso a doble faz: desestructuración de articulaciones anteriores, de relaciones internas previas, y estructuración de nuevas situaciones. La lectura de un proceso implica entonces iluminar qué tipo de estructuración se abandona y qué tipo de reestructuración se obtiene.

Veamos ahora cómo Pichon desarrolla el concepto de emergente. En un principio asimila portavoz y emergente. El punto de partida de su especulación es la emergencia de la enfermedad mental en el grupo familiar. El enfermo es el "emergente" de una situación.

Más tarde, en 1969, en "Estructura de una escuela destinada a la formación de psicólogos sociales" lo define como "conducta nacida de la organización de distintos elementos, acontecimiento sintético y creador que aparece como respuesta a la interpretación". Y en 1970, en "Transferencia y contratransferencia en la situación grupal", lo describe como una cualidad nueva que aparece en el campo, y que como signo nos remite a lo implícito de la interacción grupal. Entonces, la situación grupal de enfermedad es "lo emergente", y el portavoz es el vehículo a través del cual se manifiesta este emergente.

Es decir, que en la unidad de operación debemos distinguir: el existente, que es toda situación dada en el grupo. Es algo que aparece en un momento dado. Si vemos la etimología de la palabra proviene del infinitivo, del latín exsistere, que quiere decir: salir, dejarse oir, nacer, elevarse por encima de. Si es todo lo que existe, abarca tanto lo explícito como lo implícito de la situación grupal.

Este existente, comprendido por el agente corrector, motiva en él una interpretación que propone una nueva perspectiva que esclarece las dificultades y que modifica las situaciones, cambio que se expresa en un emergente que cierra el ciclo.

Es decir, que el emergente surge como respuesta a la interpretación; es la estructuración de una situación grupal. Es el signo del proceso de desestructuración de una situación previa y de la reestructuración de una nueva.

En ese estructurarse-desestructurarse lo emergente es una cualidad nueva que aparece en el campo, y nos remite como signo a relaciones implícitas, a las causas de su produccción.

Es un acontecimiento sintético en la medida en que organiza elementos del campo, y también como superación de antítesis. Y es signo en la medida en que permite descifrar la significación de lo que sucede en dicho campo.

Pero ese emergente constituye al mismo tiempo el último paso de un ciclo anterior y el primero de un nuevo ciclo. Es decir, se transforma en un nuevo existente que da lugar a un nuevo ciclo. Se cumple así la espiral dialéctica de la dinámica grupal, donde a cada vuelta de la espiral pasa por los mismos puntos pero a otro nivel más amplio, que abarca, contiene a los anteriores.

Nociones de pretarea, tarea y proyecto.
Otro aspecto de la dinámica grupal es que a veces el grupo se estereotipa, como defensa frente a la ansiedad que genera la posibilidad de cambio, en la medida en que éste significaría enfrentar las ansiedades psicóticas más graves que se manifiestan sintomáticamente.

Aparece así un momento del grupo al cual denominamos pretarea, en el cual predominan los necanismos de disociación con instrumentación de las técnicas esquizoparanoides, disociando por un lado lo bueno de lo malo con el fin de preservar lo bueno, y por otro, disociando el sentir, del pensar y del hacer.

Lo latente detrás de esta dificultad es el intento de eludir la elaboración del núcleo depresivo. Todos los mecanismos de la pretarea son dispositivos de seguridad que tratan de poner a salvo al sujeto de los sentimientos de ambivalencia y culpa, y del sufrimiento propios de la situación depresiva básica.

Por consiguiente, lo que caracteriza a esta etapa son las distintas formas de no entrar en la tarea, mecanismo de postergación que oculta la dificultad para tolerar la frustración de iniciar y terminar tareas, lo cual trae paradójicamente una constante frustración.

El momento de la tarea consiste en la elaboración de ansiedades, y la emergencia de una posición depresiva básica en la que se puede abordar el objeto de conocimiento, al romperse la pauta de estereotipia y disociación que estancó el proceso de aprendizaje y deterioró la red de comunicación.

La tarea es el ámbito de la elaboración de los cuatro momentos de la función operativa: estrategia, técnica, táctica y logística. Luego de elaborar la estrategia operativa en el mundo interno y sobre la base dicha planificación, el sujeto (o el grupo) pueden orientar la acción futura, es decir, aparece el proyecto emergiendo de la tarea.

Otro aspecto que consideramos como índice de la operatividad del grupo es el grado de creatividad. Esta se da en la medida que se enfrentan tareas nuevas con técnicas diferentes - lo cual implica posibilidad de aprendizaje - rompiéndose así los estereotipos y haciéndose así el grupo más plástico y operativo.

Una tarea fundamental del grupo es justamente la re-creación del "objeto destruido", núcleo de la depresión básica del cual son portadores los integrantes del grupo, y que perturba la correcta lectura de la realidad.

La situación patogenética depresiva , punto de partida de toda enfermedad mental, se resuelve a través de la recreación progresiva del objeto destruido internamente, a través de la tarea grupal.

Los procesos de aprendizaje y comunicación posibilitan realizar dicha tarea, que consiste entonces en la elaboración de la situación patogenética no elaborada, y de su consecuencia, la regresión y fijación en la etapa esquizoparanoide, con la correspondiente perturbación en la lectura de la realidad y el bloqueo de las emociones, fantasías y afectos.

La situación correctora permite a los integrantes del grupo un aprendizaje de la realidad con una progresiva adecuación de los esquemas referenciales de los distintos miembros, lo cual les permite una percepción de sí mismos y de los otros no distorsionada por el modelo arcaico y repetitivo del estereotipo. Al lograr esta percepción disminuyen las ansiedades básicas, y el sujeto modifica su actitud ante el cambio haciéndola menos resistente. En este proceso de maduración emergerá el proyecto.

En la aplicación de la técnica del grupo operativo al campo más específico de la enseñanza, las nociones de pretarea, tarea y proyecto adquieren algunas características particulares.

En la pretarea se da una evitación de la tarea prescripta (en este caso: trabajar sobre la clase), se dan vueltas alrededor del tema sin entrar de lleno, se divaga.

Este es un momento normal en todo grupo. Pero si el grupo se queda ahí, si se estereotipa, la productividad grupal se anula. En la pretarea aparecen los miedos básicos y sus ansiedades correspondientes, que funcionan como obstáculos epistemofílicos. Frente a lo nuevo y desconocido de la información, y a la proposición de cambio con respecto a los sistemas clásicos de aprendizaje, aparecen la resistencia al cambio y los mecanismos de disociación propios de esta etapa.

En este momento el grupo se ve sometido a la tensión de dos exigencias de signo contrario. Por un lado la resistencia al cambio (seguir con todo lo anterior), y por otro, el proyecto (lo nuevo, lo que va a venir). Esto genera en el grupo una tensión que a veces se resuelve a través de situaciones transaccionales: el grupo entra en la impostura, en el "como si" estuvieran en tarea. Pero se ve que no es así por la excesiva distancia, o por la intelectualización con que se trata el tema.

(Y por la disociación entre el sentir, el pensar y el actuar).

También puede darse que el grupo "se meta de golpe" en la tarea, sin pasar por la pretarea. Esto puede ser una conducta contrafóbica motivada por la ansiedad persecutoria.

Tarea: este concepto incluye algo más que trabajar el tema de la clase. Incluye la toma de conciencia o insight, a través de la elaboración de los miedos básicos. Es decir, hay dos tareas: una explícita (reelaborar la información) y otra implícita (elaboración de las ansiedades y ruptura de los mecanismos de disociación que perturban el proceso de aprendizaje). La primera no puede darse bien sin la segunda. Es así como se produce el abordaje del grupo al objeto del conocimiento.

La tarea es el ámbito donde se elaboran los cuatro momentos de la acción operativa: logística, estrategia, táctica y técnica. La logística es la observación del campo enemigo (en este caso la resistencia al cambio), que nos permite detectar cuáles son las fuerzas contra las que vamos a luchar. La estrategia es la planificación a largo alcance. Cuáles son los objetivos finales y cual es el trayecto que debemos seguir para llegar a ellos. La táctica es la forma en que empleamos ese plan en la práctica.

Son los pasos que vamos dando, el momento, el lugar y la manera cómo los damos. Todo eso requiere "tacto". La técnica son los distintos recursos o intrumentos, y las formas como se los utiliza para operar en el campo. Esos cuatro pasos pueden ser sucesivos o simultáneos; si la tarea sale mal hay que averiguar en cual de ellos hay una dificultad.

Proyecto: al elaborar una estrategia operativa el grupo orienta la acción y aparece el proyecto emergiendo de la tarea, lo cual permite una planificación para el futuro. El grupo se plantea objetivos que van más allá del aquí y ahora. Pero en el aquí y ahora ese proyecto apunta a superar la situación de pérdida (o de muerte) que sienten al darse cuenta que han terminado la tarea y que se acercan a la finalización del grupo y a la separación.

Transferencia a nivel grupal.
En el grupo operativo es fundamental analizar los fenómenos transferenciales tomando en cuenta la relación del grupo con la tarea.

La transferencia en el ámbito individual implica que ciertos hechos del pasado, con sus correspondientes afectos, son transferidos por el paciente en el presente sobre el terapeuta. Es el famoso: "Aqui-ahora y conmigo", tal como fue antes en otro lugar y con otro, se reproduce el mismo afecto que forzó en el pasado a desterrar un deseo y provocó un estancamiento en el aprendizaje, en el proceso de apropiación de la realidad.

Se da entonces lo que Freud llamó falsa conexión y aparece "el como si". La neurosis transferencial se da en la relación de a dos y el tercero actúa aquí por exclusión.
Si traducimos todo esto en términos grupales podríamos decir que "la transferencia es un proceso de adjudicación de roles inscriptos en el mundo interno de cada sujeto", es la manifestación de sentimientos inconscientes que apunta a la reproducción estereotipada de situaciones característica de la adaptación pasica. Esta reproducción está al servicio de la resistencia al cambio destinada a controlar los miedos a la pérdida y al ataque. Acá no hablamos de neurosis transferencial sino de procesos transferenciales, los cuales se dan en el grupo y los terceros actúan por presencia.

Para Ezriel, cuando se constituye un grupo cada uno de los integrantes proyecta sus fantasías inconscientes sobre los demás, relacionándose con ellos según esas proyecciones que se ponen de manifiesto a través de los mecanismos de adjudicación y asunción de roles.

Grupos operativos terapéuticos.
Una vieja problemática que se plantea es la referente a si un grupo operativo es un grupo terapéutico. Para Pichon el grupo operativo es un instrumento de trabajo, un método de investigación y cumple además una función terapéutica. Esta última función ha originado numerosas confusiones.

Una tarea realizada con eficiencia tiene indudablemente cualidades curativas, más todavia si a través de ella se esclarecen las dificultades de cada integrante frente a los obstáculos.

Así, cualquier déficit o distorsión del aprendizaje implica al mismo tiempo un déficit o distorsión en la personalidad del sujeto, y a su vez, todos los transtornos de la personalidad son transtornos del aprendizaje. El grupo operativo tiende, al romper los estereotipos, a posibilitar un reaprendizaje.

Cuando la técnica operativa es aplicada a un proyecto terapéutico en el cual implícitamente la tarea es la curación, la función terapéutica del grupo es obvia.
Los grupos operativos en general, en cualquiera de sus múltiples campos de aplicación, apuntan como objetivo a identificar los obstáculos que la tarea ofrece al grupo, resolverlo transformándolos en un proyecto.

Pichon solía decir que no se trata tanto de "curar" sino de "resolver" los obstáculos que frenan el desarrollo del individuo en el grupo, es decir, colocarlo en mejores condiciones de encontrar las propias soluciones.

La confusión en la que a veces cae en cuanto a si un grupo es terapéutico u operativo, es una confusión en parte terminológica y en parte de contenido. No existe en la práctica tal diferenciación. Lo que caracteriza al grupo operativo es una modalidad técnica, que consiste fundamentalmente en las características expuestas anteriormente: grupo centrado en la tarea, interpretaciones en verticalidad y en horizontalidad, elaboración de las ansiedades depresivas y paranoides, ruptura de los estereotipos, reparación de las redes de comunicación, superación de la resistencia al cambio, lectura crítica de la realidad, formación de criterios de adaptación activa, evaluación en términos de los vectores del cono, movilidad de roles, unidad de operación (existente-interpretación-emergente), encuadre de tiempo y espacio, roles fijos (coordinador y observador) y no fijos (resto de los integrantes), etc.

Entonces, esta técnica puede ser aplicada a un grupo, cualquiera fuera su tarea: enseñanza de las distintas disciplinas, teatro, música, deportes, empresas, terapia, etc.

La diferencia reside fundamentalmente en la tarea explícita que el grupo se propone realizar.

En un grupo terapéutico la tarea es la curación y el grupo estará centrado en eso.
La confusión proviene del hecho de que en otros grupos, aunque la tarea no sea la curación, el solo hecho de resolver los obstáculos y realizar un aprendizaje, ya es terapéutico de por sí. Pero en estos casos se trata sólo de un efecto. Podríamos decir que todo aprendizaje es terapéutico, sin temor a equivocarnos.

El grupo operativo que logra constituirse en equipo que aprende, ha logrado rectificar vínculos estereotipados, y por consiguiente, un cierto grado de efecto curativo.

El problema surge cuando en un grupo operativo de aprendizaje se produce una desviación de los objetivos del grupo y se transforma sin darse cuenta en un grupo terapéutico. Esto puede ocurrir cuando el coordinador establece mal el encuadre, o cuando se desarrolla un mal manejo técnico del grupo llevándolo a modalidades regresivas. He visto este tipo de situación cuando el coordinador de un grupo de aprendizaje se siente demandado desde el grupo y desde la institución en forma diferente. La institución ofrece a los alumnos formarse en una disciplina (por ejemplo, Psicología Social), a través del trabajo en grupo. Si los alumnos se fascinan con el trabajo en sí mismo, si su demanda no es aprender psicología social sino estar en grupo, el coordiandor puede verse atrapado en la demanda y asume el rol adjudicado de terapeuta. En estos casos se desvirtua el objetivo del grupo, se pierde la tarea (explícita) y el grupo cae en lo que llamamos "grupismo" u "ombliguismo" (grupo centrado exclusivamente en sí mismo).

Y acá entramos al tema central de esta discusión: ¿regresión o progresión?.

En un grupo terapéutico "clásico" se privilegia en la tarea un enfoque regresivo, y hasta se crean técnicamente condiciones que favorecen el desarrollo de la regresión.
De esta manera, cualquier situación que ocurre en un grupo terapéutico se le estudia fundamentalmente como reflejo de otra perteneciente al pasado.

Al mismo tiempo se privilegian las interpretaciones centrípetas (de afuera hacia adentro). Las situaciones grupales son analizadas como reflejo o dramatización de acontecimientos exteriores.

Ambas modalidades refuerzan la situación transferencial y generan un clima regresivo.

En el grupo operativo se da al revés. Se privilegia lo progresivo o prospectivo en la tarea. Todo acontecimiento que ocurre en el grupo es un ensayo de lo que se realizará luego y afuera. Aquí se privilegian las interpretaciones centrífugas (de adentro hacia afuera).

La transferencia tiende más a resolverse que a reforzarse, en la medida en que al privilegiar las conductas como ensayos de acciones futuras y en el exterior, se jerarquiza el proyecto y el grupo adquiere así una dimensión prospectiva (progresión). No olvidemos lo que explicábamos antes: el grupo operativo es un grupo centrado en la tarea. Y la tarea es el momento previo que apunta al desarrollo de un proyecto.

Sin embargo, a mi entender, las cosas no son nunca tan rígidas. En la práctica, un grupo operativo puede pasar por momentos regresivos; en realidad la misma dinámica del grupo lo va llevando a alternar entre ambas polaridades. Lo que pasa es que, tal como dijimos, se apunta a reforzar el polo de la progresión.

Cuando un obstáculo se repite, tal como plantea Ulloa, el grupo debe revisar sus antecedentes históricos, y en estos casos se realiza un manejo retrospectivo del mismo.

Pero esta regresión es operativa, y habitualmente no sobrepasa los límites de la historia grupal.

Otra situación que suele darse en los grupos operativos - y a la cual podríamos considerar como "regresiva" - o como cercana a una situación terapéutica, es cuando algún miembro del grupo presenta una dificultad o un déficit reiterado para el desarrollo de la tarea, que lleva a examinar el estilo personal y la problemática individual (verticalidad) de dicho integrante.

Sin embargo, recordemos por un lado, que la interpretación de dicha verticalidad va seguida de otra interpretación de la horizontalidad grupal. Y por otro, este abordaje de la verticalidad del sujeto no se centra en la investigación de las motivaciones arcaicas, sino que apunta a esclarecer y explicitar dicha problemática, en relación al grado de eficiencia que se logra para el desarrollo de la tarea.

Es decir, que se toma en cuenta el pasado pero se jerarquiza el presente (tarea), en función del futuro (proyecto-prospección-progresión).

Posiblemente algunos de estos conceptos no coinciden totalmente con los originalmente planteados por Pichon Riviere, sino que son conceptos personales, desarrollados a partir de sus ideas y de mi propia experiencia.

Remito al lector a la bibliografía a fin de poder discriminar en cuánto lo expuesto a lo largo de todo el capítulo refleja el pensamiento original de Pichon, y qué cosas he agregado de mi propia cosecha.

Los vectores del cono invertido.
El esquema original del cono invertido fue desarrollado por Pichon Riviere para representar gráficamente la dinámica entre lo explícito y lo implícito:

Lo explícito ocupa la base del cono ya que siendo lo observable, obviamente, es lo que ocupa más superficie visible. Lo implícito lo ubica en el vértice. Pero a mi entender lo ímplicito no es un punto. Por eso desarrollé una continuación del cono hacia abajo en forma de reloj de arena con líneas punteadas, para representar lo implícito. De esta manera, con lo implícito sucede como con el iceberg: la parte más grande es la que no se ve.

El cono está invertido porque representa gráficamente que lo implícito está "por debajo" de lo explícito.

Por dentro del cono circula la espiral dialéctica, que representa al proceso grupal y que, partiendo de los universales ubicados en el vértice, va ampliándose en cada vuelta abarcando distinto niveles de la dinámica.

Posteriormente Pichon agrega al esquema los vectores, que constituyen una escala básica de evaluación de los procesos de interacción grupal.

a) Afiliación y pertenencia: aquí se estudia el grado de identificación de los miembros del grupo, entre sí y con la tarea. La afiliación es un primer grado (más superficial) de identificación. El afiliado "no pone el cuerpo", guarda una cierta distancia. La pertenencia es un segundo grado (más profundo), que implica acortar las distancias.

Así, nos encontraremos con miembros del grupo que son pertenecientes, es decir, se sienten formando parte del grupo, se sienten parte de un "nosotros". En cambio, otros miembros no son pertenecientes sino afiliados, se sienten más en la relación "yo-ellos". A veces están y a veces no; nunca se sabe si se puede contar con ellos. No han pasado de la afiliación a la pertenencia, del yo al nosotros. Las motivaciones inconscientes que subyacen a este vector cabalgan sobre la base de la necesidad, fundamento motivacional del vínculo. Se juega aquí el conflicto necesidad-satisfacción, como determinante de la pertenencia al grupo. En la tarea del grupo es importante determinar quiénes son afiliados y quiénes tienen pertenencia. Sabemos, de todos modos, que existe una correlación permanente y directa entre afiliados y pertenecientes para hacer el gran conjunto que tiene que llevar la tarea adelante.

El grado de identificación con la tarea se mide por el grado de responsabilidad con que se asume el desempeño de la tarea prescripta, pero esto no es algo inmutable. Todo aquel que haya trabajado con grupos sabe que los gestores o impulsores de hoy, pueden ser los conspiradores de mañana, o viceversa; es decir, que los roles de aceptación o rechazo, como así también los grados de pertenencia, pueden invertirse en el curso del proceso corrector.

b) Cooperación: es la capacidad de ayudarse entre sí y al terapeuta; se da a través del desempeño de roles diferenciados y de la forma como se asumen esos roles. La cooperación se da en la medida en que los roles sean complementarios y no suplementarios, ya que estos últimos llevan a la rivalidad.

La cooperación se mide por el grado de eficacia real con que cada uno de los miembros del grupo participa para contribuir al logro o fracaso de la tarea. Eficacia real es la que se detecta en la realidad que emerge en las conductas, y no la que se declara intencionalmente. Es a través de la tarea que se comprueba quién coopera y quién obstaculiza: "en la cancha se ven los pingos".

c) Pertinencia: la pertinencia es la capacidad de centrarse en la tarea, que en el aquí y ahora es curarse, romper los estereotipos, redistribuir las ansiedades, vencer la resistencia al cambio, elaborar los duelos, redistribuir los roles, etc., y que en el hogar puede ser resover aspectos referidos al trabajo, la economía, la salud de los integrantes, la salud de los hijos, etc.
Es lo que permite mantener en su eje el sentido verdadero del proceso corrector: que lo que aparentemente es una reunión social donde "se van por las ramas", en un momento dado puedan "volver al tronco" y centrarse en la tarea. El problema surge cuando esta vuelta se torna dificultosa.

d) Comunicación: es una de las vertientes más demostrativas para detectar y visualizar las perturbaciones en los vínculos entre las personas. Aquí vemos las distintas formas en que se relacionan entre sí los miembros del grupo: uno hacia todos: líder; todos hacia uno: chivo emisario; dos o más entre sí excluyendo a los demás: subgrupos; todos con todos al mismo tiempo, y sin escucharse mutuamente: caos; todos con todos respetando y escuchando la intervención del otro: orden, buena comunicación.

Se estudian también la incomunicación y los cortocircuitos en el circuito comunicacional (emisor - receptor - canal - mensaje - feeback). En una primera aproximación nos encontramos con un emisor, un receptor y un mensaje que circula por un canal. Vamos a tratar entonces de detectar en qué parte del recorrido del mensaje están los cortocircuitos, y de esclarecer los malentendidos básicos tan comunes en la interacción grupal que se generan en la comunicación, ya sea por dificultades en quien emite el mensaje, o por dificultades en la comprensión del mismo por parte de quien lo recibe.

El malentendido es un sobreentendido, que por tan sobreentendido no es bien comprendido. Nos encotramos con situaciones de malentendido cuando: a) no existe un ECRO (esquema conceptual referencial y operativo) común entre emisor y receptor; b) cuando hay dificultades en el emisor, en el receptor o en el canal; c) cuando no se da un ajuste entre el contenido del mensaje y el cómo se lo emite (metacomunicación); d) cuando no hay ajuste entre las imágenes internas y la realidad exterior (correlación mundo interno-mundo externo).

Estudiamos aquí los secretos que aparecen en los grupos, que es algo que todos saben (algunos concientemente y otro no), pero nadie dice. También los secretos del grupo familiar de cada uno de los integrantes - a los cuales podríamos denominar, parafraseando a Freud, "la novela familiar" - son fuentes de malentendidos. En general se trata de situaciones vergonzantes para el grupo familiar, como puede ser la presencia de alcoholistas, drogadictos, o algún enfermo mental en los antecesores; o episodios de infidelidad, ya sea matrimonial, religiosa, política, etc.

Es muy importante para la comprensión de la dinámica del grupo investigar cómo se comunican sus miembros. Seguiremos para hacer este análisis un modelo propuesto por Kesselman para indagar las modalidades de la comunicación, entendiendo que ésta puede darse en tres niveles a los cuales denominaremos, según el tipo de relación que el sujeto establece con quien se relaciona, y tomando los términos de las fases de la líbido: oral, anal y genital.

a) Nivel oral: es el más regresivo, se caracteriza por la queja y el reproche constantes. Hay una permanente demanda hacia el otro, se espera del otro que suministre todo. Aparecen deseos de vaciar al otro con exigencias de suministro y de cambio; la expectativa de cambio es que todo lo que tiene que cambiar debe provenir del otro. El sujeto piensa que si el otro no suministra o no cambia, no es porque no puede sino porque no quiere.

Predomina entonces la ansiedad paranoide persecutoria. Frente a esta situación debemos buscar la otra ansiedad, la ansiedad depresiva que está latente.
Estos sujetos no toleran que el otro pueda dar o no dar, no toleran la ambivalencia (que el otro pueda ser "bueno o malo", gratificante o frustrante al mismo tiempo), y no toleran que el otro no responda a su deseo.

Por más que el otro de, el sujeto se queja que no se le dio nada, o que lo que se le dio no sirve para nada, y que en definitiva está vacío. Pero lo latente de esta situación es que él siente que el otro está vacío, porque él lo ha vaciado, y que él no le ha dado nada.

No hay miedo a la pérdida porque no hay conciencia de que se pueda perder al otro. Se necesita del otro y se está seguro, por consiguiente, de que no se va a separar de él por más reproches que se le hagan. Las sorpresas vienen cuando el otro se canda de dar siempre, y dice basta. Estos sujetos no valorizan al otro hasta el momento en que lo pierden; es como si recién entonces pudieran reconocer todo lo que el otro les da y todo lo que significa para ellos. Se trata de un nivel narcisista en el cual se exige que los otros satisfagan todos los deseos, y por más que los otros brinden siempre esta la queja o el reproche.

La frecuencia de interacción es como la relación del bebé con el pecho: varias veces por día (estas frecuencias de interacción han sido fijadas a manera de ejemplo).

b) Nivel anal: es menos regresivo, se caracteriza por períodos o ciclos donde alternan la expulsividad y la retentividad. Hay explosiones y ataques violentos hacia el otro, que son seguidos por reacciones de arrepentimiento, acompañadas de una conciencia piadosa y culposa de autoacusación, y de un intento de reparar el daño causado. Son ciclos donde alternan los estallidos y las reconciliaciones.

Estos sujetos tienen una gran dificultad para terminar de juntarse o de separarse definitivamente. Es un nivel evolutivo superior al anterior (nivel oral), dentro de las modalidades de la comunicación, ya que aparece una reflexión que, aunque temporaria, considera la necesidad del otro. Aquí ya aparece el miedo a la pérdida - hay sentimientos de culpa - y su correspondiente ansiedad, la ansiedad depresiva.

La frecuencia de estos ciclos de interacción es de una vez por semana.

c) Nivel genital: es el más evolucionado o maduro de los niveles de comunicación. Prevalece Aquí la capacidad de identificación, y el deseo de proteger al otro de destrucción, o de repararlo si es que se lo atacó antes. Se busca qué grado de responsabilidad tiene uno en lo que está pasando, y qué tendría uno que cambiar para que las cosas mejoren.

En este nivel se da la posibilidad de que uno se ponga en el lugar del otro y pueda así comprender lo que le pasa. No se pretende que todo el cambio provenga del otro, sino que puedan preguntarse qué estarán haciendo cada uno para que los otros reaccionen de esa manera.

Es el más difícil de alcanzar, y se logra de vez en cuando.

e) Aprendizaje: se da por sumación de la información que cada uno de los integrantes de grupo aporta a la tarea.

Relacionamos este vector con el criterio de adaptación activa a la realidad, modificadora tanto del sujeto como del medio en un proceso de interacción dinámica.
Entendemos también por aprendizaje la capacidad del grupo y de cada uno de sus integrantes para desarrollar conductas alternativas frente a los obstáculos, es decir, la capacidad para no repetir siempre las mismas conductas.

d) Telé: es un término creado por Moreno, que significa la disposición positiva o negativa para interactuar más con unos miembros que con otros. Es un sentimiento de atracción o de rechazo, de simpatía o antipatía.

Podría hablarse en términos de transferencia positiva o negativa, pero preferimos utilizar el término telé que significa una disposición para actuar, al mismo tiempo que contiene el significado de: "a distancia". Esto viene a que, al encontrarnos en un grupo con los otros miembros del mismo, aparecen -"de entrada" y "a distancia"- esos sentimientos de atracción o de rechazo.

Es una cosa "de piel"; sin saber bien por qué sentimos simpatía o antipatía hacia unos u otros. El por qué de esto está en el hecho de que todo encuentro es un re-encuentro, y nos remite a personajes arcaicos de nuestro mundo interno, es decir, a personas que en algún momento favorecieron o perturbaron nuestro desarrollo.

Decimos entonces que toda situación actual es heredera (o heredada) de otra situación anterior. Sin saber muy bien por qué cada sujeto puede agruparse con algunas personas y en cambio rechaza a otras. Cuando decimos: es una cosa de piel, es porque consideramos a la piel como el órgano de choque del ser humano en su relación con el mundo exterior, y por consiguiente la podemos considerar en el lenguaje cotidiano como la residencia de la Telé.

Decíamos que a distancia, a primera vista, se produce una atracción o rechazo. En realidad, de acuerdo con lo que expusimos anteriormente, es siempre a "segunda vista".

Una telé negativa puede perturbar mucho la tarea del grupo. Por eso es muy importante detectar qué es lo que se está proyectando, y demostrar las raíces profundas y a veces irracionales de esa proyección.

Los vectores del cono no son compartimientos estancos. Se interrelacionan dinámicamente. No están ubicados así por casualidad. Tiene un sentido y una direccionalidad el hecho de que estén ubicados en ese orden.

Los hemos ido explicando siguiendo un orden de arriba hacia abajo. Para explicar más claramente como aplicarlos a la lectura de la dinámica grupal he desarrollado un juego al cual denomino: "el juego del ascensor", que consiste en seguir el camino inverso en cada una de las vertientes o lados del cono, es decir, en ir de abajo hacia arriba.

Si detectamos una falta de pertinencia o una pertinencia negativa (es un grupo que no se puede centrar en la tarea), significa que algo anda mal en el vector inmediato superior, en la cooperación; es decir, predominan las fuerzas del retroceso. Y si hay una perturbación en la cooperación, esto nos remite a que algo está fallando más arriba en el vector pertenencia; es decir, que no han podido hacer el pasaje de la afiliación a la pertenencia, del yo al nosotros. Muchas veces nos encontramos con situación de impostura, en donde los integrantes del grupo hacen "como si" hubieran pasado de la afiliación a la pertenencia, pero en realidad es una pseudo-pertenencia.

En la otra vertiente del cono, cuando nos encontramos con una telé negativa que perturba la marcha del grupo en la medida que paraliza o inhibe la relación entre los integrantes, y que aparece como irreductible, como difícil de modificar, esto significa que algo está fallando en el nivel superior, en el vector aprendizaje. Ahí tenemos que preguntarnos cual es la naturaleza del obstáculo epistemofílico que impide recuperar otras formas de relación afectiva distintas de las que se están repitiendo estereotipadamente. Es decir, no pueden aprender conductas alternativas, no pueden relacionarse con los otros de una manera diferente. Y esto nos remite al vector superior: algo anda mal a nivel de la comunicación y hay que detectar dónde están los cortocircuitos y los malentendidos que obturan el circuito comunicacional, fijando la comunicación en niveles libidinosos regresivos. Porque, como decía Pichon, comunicación y aprendizaje van juntos, corren paralelos como los rieles del ferrocarril, y toda perturbación en la comunicación lleva indefectiblemente a una alteración en el proceso de aprendizaje de la realidad, punto de partida de la enfermedad mental.

Definición de grupo.
En función de todo lo desarrollado hasta aquí estamos ahora en condiciones de plantear la definición de grupo.

Para Pichon Riviere un grupo es un conjunto restringido de personas que, ligadas por constantes de tiempo y espacio y articuladas por su mutua representación interna, se propone en forma explícita o implícita la realización de una tarea que constituye su finalidad, interactuando para esto a través de complejos mecanismos de adjudicación y asunción de roles.

En realidad esta definición es el resultado de la unión de dos definiciones de grupo que daba Pichon y que he unido en una, agregando algunos términos que permiten dar coherencia y continuidad entre ambas.

Las nociones de encuadre, tarea y roles ya han sido desarrolladas. Por consiguiente tomaré solamente la de mutua representación interna ligada a la noción de vínculo.
A través de la interacción continuada y de los procesos de comunicación y aprendizaje los integrantes de un grupo van estableciendo vínculos, y cada uno va internalizando a los demás. Se da lo que Sartre llama: proceso de interiorización recíproca, que marca junto con la transformación de los intereses comunes en "intereses en común" el pasaje de la serie al grupo.

Para Pichon Riviere esto mismo se da en términos de pasaje de la afiliación a la pertenencia (que explico como el pasaje del "yo a nosotros"), que se produce en la medida en que el grupo, por un lado, desarrolla la mutua representación interna, en donde cada integrante al ser internalizado por los otros pasa a formar parte de su grupo interno, y cada uno sabe que cuenta con los demás; y por otro, en la medida en que el grupo en función de la necesidad, fundamento motivacional del vínculo, establece objetivos comunes y se propone para lograrlo la realización de una tarea.

Conclusión y síntesis.
Este trabajo es una síntesis de lo que desarrollé, en forma ampliada, en un trabajo denominado: "Los siete triángulo" que fue presentado en 1975 en Acapulco, México, en el VIII Congreso Latinoamericano de Psiquiatría. Tiene además otros conceptos como los de ECRO, vínculo, salud y enfermedad, procesos de maduración y desarrollo (o teoría de la enfermedad única), que si bien no se refieren directamente al tema psicoterapia de grupo son aportes significativos de Pichon Riviere a las ciencias de salud mental, y de alguna manera se relacionan con la temática de grupos.

Por otro lado, creo que la posibilidad de visualizar gráficamente esta estructura teórica de conceptos hace más fácil su comprensión.

Homenaje a Pichon Rivière
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