Agustín Genovés (2).
“Y ese es el verdadero sentido de esa pintura de Bosch, La extracción de la piedra de la locura, donde enseña que lo extraído de la cabeza del alienado no es una piedra sino una flor”. Enrique Pichon Riviére(3).
Este año se cumple el 25º aniversario del fallecimiento de Enrique Pichon-Rivière, uno de los pioneros de la introducción del Psicoanálisis en la Argentina en particular y en Hispanoamérica en general: “Afirmar que Pichon Rivière ha sido y será el principal maestro de la Psiquiatría Psicoanalítica Argentina no es, en mi opinión, una exageración”(4). Es un deber intelectual, a la vez que un placer, recordarlo en esta ocasión y valorar su ímprobo esfuerzo en el campo de nuestra disciplina y en el de la salud mental. Trabajo llevado a cabo como psiquiatra, primero en el Hospital Neuropsiquiátrico José Tomás Borda de la Ciudad de Buenos Aires, en el que a lo largo de quince años de contacto permanente con la enfermedad mental luchó por la resocialización de los pacientes allí depositados. Luego como psicoanalista, cofundador de la Asociación Psicoanalítica Argentina de la que fue Miembro Didacta y maestro de varias generaciones de psicoanalistas. Finalmente, y no se trata de etapas relevadas las unas por las otras sino en un desarrollo paralelo, sus intereses relativos al campo de la salud mental en general y su preocupación, presente desde muy temprano en su vida, por reflexionar acerca de esa compleja articulación entre lo individual y lo social lo llevaron a fundar la primera Escuela de Psicología Social de la Argentina. Su intento fue el de buscar los puntos de unidad entre el psicoanálisis y la teoría social, un tránsito a través de los campos mencionados que no fue fácil, a juzgar por sus propias declaraciones: “...cada vez me fue interesando más el aspecto social, la actividad de los grupos en la sociedad. Claro está que eso implicó abandonar la concepción psicoanalítica ortodoxa, a la que me había entregado con tanta pasión. Esa ruptura, lo he reconocido, significó un verdadero obstáculo epistemológico; una aguda crisis que me llevó muchos años superar.” (5)
De todo el vasto campo de intereses Pichonianos, cuya descripción detallada no cabe
en este espacio, elegiré aquel que corona su pensamiento sobre la Psicología Social. Pichon reconoce a Freud como el primer psicólogo social y toma como base lo expuesto por el autor en “Psicología de las masas y análisis del Yo”.
En una carta que Freud le escribe a Romain Rolland el 4 de mayo de 1923 expresa: “No se trata de que yo considere a este escrito particularmente logrado, pero el indica el camino que lleva desde el análisis del individuo a la comprensión de la sociedad.”(6) Y este será el camino que transitará Pichon Rivière. No estará de más reproducir algunas reflexiones freudianas introductorias al citado escrito:
“La oposición entre psicología individual y psicología social o de las masas, que a primera vista quizá nos parezca muy sustancial, pierde buena parte de su nitidez si se la considera más a fondo. Es verdad que la psicología individual se ciñe al ser humano singular y estudia los caminos por los cuales busca alcanzar la satisfacción de sus mociones pulsionales. Pero solo rara vez, bajo determinadas condiciones de excepción, puede prescindir de los vínculos de este individuo con otros. En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar o como enemigo, y por eso mismo desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social en este sentido más lato, pero enteramente legítimo.
La relación del individuo con sus padres y hermanos, con su objeto de amor, con su maestro y con su médico, vale decir, todos los vínculos que han sido hasta ahora indagados preferentemente por el psicoanálisis, tienen derecho a reclamar que se los considere fenómenos sociales. Así, entran en oposición con ciertos otros procesos, que hemos llamado narcisistas, en los cuales la satisfacción pulsional se sustrae del influjo de otras personas o renuncia a éstas.”(7)
Sabemos que dicho artículo “constituye el segundo tiempo de la gran refundación teórica de la década de 1920, cuya tercera parte fue “El Yo y el Ello.” (8)
Este escrito freudiano significó un paso más en dirección a la segunda tópica al poner de relieve la importancia de los procesos de identificación. Y será en “El Yo y el Ello” donde Freud describe cómo los diversos procesos de identificación con los objetos crearán estructura psíquica revelándonos la existencia de un aparato psíquico abierto al exterior y en relación dialéctica con él.
Al poner Freud en oposición dos clases de procesos, los fenómenos sociales y los narcisistas, nos indica la existencia en el individuo de algo que pretende sustraerlo de los fenómenos sociales como campo de la satisfacción pulsional, y que no puede sino desembocar en la neurosis. También en “Totem y Tabú” hace una reflexión que completa lo anterior: “Las neurosis son formaciones asociales (...) Genéticamente la naturaleza asocial de las neurosis resulta de su tendencia más originaria: refugiarse de una realidad insatisfactoria en un placentero mundo de fantasía. En ese mundo real que el neurótico evita gobiernan la sociedad de los hombres y las instituciones que ellos han creado en común; por eso dar la espalda a la realidad es al mismo tiempo salirse de la comunidad humana.” (9). Muy próximo a estos criterios freudianos, Pichon Rivière entiende al ser humano como construyéndose en una praxis transformadora, “en una relación dialéctica, mutuamente modificante con el mundo.”(10) De esta manera de pensar y apreciar la relación sujeto-mundo emerge su concepto de salud mental: “El sujeto es “sano” en la medida en que aprehende la realidad en una perspectiva integradora y tiene capacidad para transformar esa realidad transformándose, a la vez, él mismo.”(11) De esa manera irá desplazando el acento desde lo pulsional hacia lo vincular. La enfermedad está en los vínculos y los vínculos generarán enfermedad. Tal énfasis en la interacción pronto lo conducirá a interesarse por la vida de los grupos. Una anécdota acerca de su desempeño en el Hospital Psiquiátrico ilustrará la puesta en práctica de sus ideas. El panorama es el de un lugar donde a los pacientes “se los aísla, se los esconde pero no hay ningún tratamiento metódico (...) Conozco una situación totalmente negativa y se me presenta la necesidad imperiosa de crear porque no hay nada. Así(12) , por ejemplo procuro por medio de la recreación una resocialización. De alli surge toda la cuestión del deporte y del equipo de fútbol como una terapia dinámica.” La situación descripta producía un deterioro progresivo en los pacientes internados a lo que se sumaba el mal trato por parte de enfermeros y demás personal destinado a su atención, desbordados todos ellos por el enorme número de ingresados y por su falta de elementos para comprender la enfermedad mental. Esto ocurría cuando era Jefe del Servicio de Admisión. El recurso que encontró fue el de organizar grupos con los enfermeros en los que se discutían los diferentes casos ingresados y se trataba, especialmente, de darles una visión general de la psiquiatría y combatir sus prejuicios sobre la enfermedad mental. Este trabajo “aparentemente exótico”, como lo calificó él mismo, fue el inicio de los grupos operativos cuya teoría elaboró más tarde. Por la escasez de personal fue necesario incorporar a algunos pacientes, menos graves que el resto, preparándolos como auxiliares de enfermeros. El resultado fue óptimo en cuanto a la atención y a la mejoría psíquica en general y en particular en aquellos pacientes que se habían incorporado al grupo de cuidadores: “los internos mejoraban ostensiblemente su salud mental. Tenían una nueva adaptación dinámica a la sociedad especialmente porque se sentían útiles.”(13 y 14)
Su experiencia, acumulada durante esos años, lo inducen a pensar la Psiquiatría desde las relaciones interpersonales del sujeto con el grupo y con la sociedad, lo cual le proporcionará el material necesario para iniciar la formulación de su teoría vincular que, brevemente, se puede definir diciendo que la subjetividad humana se construye dentro de una “estructura interaccional, modelante e integradora.”(15)
El viraje que supuso lo anterior, que aproxima la Psicología individual a la social, está descripto en el prólogo de su libro Del Psicoanálisis a la Psicología Social, de la forma que sigue:
“Esta concepción del mundo interno, y la sustitución de la noción de instinto por la de estructura vincular, entendiendo al vínculo como un protoaprendizaje, como el vehículo de las primeras experiencias sociales, constitutivas del sujeto como tal, con una negación del narcisismo primario, conducían necesariamente a la definición de la psicología, en sentido estricto, como psicología social.”
Estas ideas dan cuenta de un viaje de doble sentido: uno, en el literal, desde Ginebra al Chaco Argentino, a los 4 años, del Chaco Argentino a la muy guaraní provincia de Corrientes y de ahí a la europea Buenos Aires a los 18 años. El segundo, metafóricamente hablando, nos da testimonio de un movimiento intelectual desde sus intereses infantiles hasta la Psiquiatría y de ella al Psicoanálisis para terminar en la Psicología Social. Pero estos dos trayectos se nutren mutuamente o, mejor aún, el primero es la simiente del segundo. Así lo entiende Pichon:
“Podría decir que mi vocación por las Ciencias del Hombre surge de la tentativa de resolver la oscuridad del conflicto entre dos culturas. A raíz de la emigración de mis padres desde Ginebra hasta el Chaco fui desde los 4 años, testigo y protagonista a la vez, de la inserción de un grupo minoritario europeo en un estilo de vida primitivo. Se dio así en mi la incorporación, por cierto que no del todo discriminada, de dos modelos culturales casi opuestos. Mi interés por la observación de la realidad fue inicialmente de características precientíficas y, más exactamente, míticas y mágicas, adquiriendo una metodología científica a través de la tarea psiquiátrica.”(16)
Las influencias intelectuales que nutrieron su pensamiento fueron varias. Primero fue Marx del que se impregnó respecto a la ideología materialista dialéctica, después llegó al psicoanálisis a través del entusiasmo suscitado por las primeras lecturas de Freud, incorporó más adelante elementos del pensamiento de Melanie Klein que fue modificando por sus contactos con la obra de Fairbain. Se distancia del Freud de la teoría pulsional y del narcisismo primario por considerarlas teorías puramente intrapsíquicas, pero sigue al Freud de “Psicología de las masas y análisis del Yo”. Su repulsa del concepto de pulsión así como el de narcisismo primario se apoya en el paradigma que sustenta, según el cual no puede concebir al ser humano más que como resultado de un encuentro entre un ser biológico y un medio social. Encuentro creador de un vínculo que es, así, fundante del psiquismo:
“(A partir del nacimiento) todo vínculo gratificante hará considerar al objeto como bueno. Esto es lo que Freud llama (erradamente a mi juicio) instinto de vida (Eros), mientras que la otra parte del vínculo primario y de su objeto, sobre la base de experiencias frustradoras se transforma en objeto malo, en un vínculo persecutorio, lo que de nuevo Freud considera como instinto, en este caso, instinto de muerte, agresión o destrucción.
Como se ve, el instinto de vida o de muerte son ya una experiencia en forma de comportamiento donde lo social está incluido a través de momentos gratificantes o frustradores (...) La división del objeto total tiene como motivación impedir la destrucción total del objeto, que, al escindirse en bueno y malo configura las dos conductas primarias en relación con amar y ser amado y odiar y ser odiado, es decir, dos conductas sociales que determinan el comienzo del proceso de socialización en el niño que tiene un rol y un status dentro de un grupo primario o familiar.”(17)
Como advertimos, Pichon Rivière se distancia tanto de Freud como de Klein acercándose a una línea próxima a la Escuela de las Relaciones Objetales (Fairbain, Winnicott, Guntrip, Balint). Sin embargo, y aquí hay una diferencia fundamental, no hace a su concepción del vínculo sinónimo de relación objetal, sino que incluye ese concepto pero lo desborda. Es como una moneda con sus dos caras, una apuntando al mundo interno y la otra, al externo: “La indagación psicoanalítica de ese mundo interno me llevó a ampliar el concepto de <relación de objeto>, formulando la noción de vínculo al que defino como una estructura compleja que incluye un sujeto, un objeto, su mutua interrelación con procesos de comunicación y aprendizaje.”(18) En Teoría del vínculo agrega: “Tenemos dos campos psicológicos en el vínculo: un campo interno y un campo externo. Es posible establecer un vínculo, una relación de objeto con un objeto interno y también con un objeto externo. Podemos decir que lo que más nos interesa desde el punto de vista psicosocial es el vínculo externo, mientras que desde el punto de vista de la Psiquiatría y del Psicoanálisis lo que más nos interesa es el vínculo interno.”(19) Observamos que ya no se trata sólo de la realidad interna o fantasmática sino además de incluir a todas las relaciones con el ambiente. Pero el vínculo así entendido tiene una historia de gestación, un protovínculo(20) que comienza ya en el estado fetal al considerar que “la influencia que sufre el feto a través de su relación biológica con la madre incluye ya un factor social, puesto que la inseguridad o seguridad de la madre está relacionada con el tipo de vínculo que tiene con su pareja y la situación de su grupo familiar. Teniendo en cuenta la situación triangular vemos que esto opera desde el comienzo.”(21)
Este concepto Pichoniano pasa a ser un elemento articulador importante porque aparece como una frontera con doble función: delimita dos vertientes a la vez que las comunica. Es también el punto de deslizamiento de una visión a otra: desde la psiquiatría y el psicoanálisis a la teoría social, como distintos lugares desde los cuales un observador puede dar cuenta de distintas facetas del mismo objeto. De acuerdo a lo anterior Pichon Rivière enfatiza repetidamente la necesidad de la inter y la multidisciplina para entender al sujeto humano.
Mi propósito inicial de circunscribirme al pensamiento de Pichon, referido a la Psicología social exclusivamente, no se ha cumplido dado que, por ese camino llegamos a la teoría del vínculo y desde este último a la Psicología social. Justifico esta incapacidad al pensar que siempre estamos hablando sobre la mismo tema pero visto desde diferentes ángulos.
Un concepto importante de nuestro autor relativo al Psicoanálisis (y a la vida), como un proceso que atañe a las discusiones actuales en torno a la transferencia/contratransferencia, es el de “relación en espiral”. Relación dialéctica entre analista y paciente “donde todo lo que uno siente el otro lo traduce y el otro vuelve a sentirlo y éste lo vuelve a sentir y retraducir bajo la forma de interpretación que se lleva a cabo en función de los emergentes que aparecen en el analista y que éste aprovecha para investigar.”(22) A continuación Pichon expresa que el conocimiento psicológico es un conocimiento analógico, una captación de lo semejante del otro; situación analítica cercana a la experimental a través de la comunicación en la que el observador siempre está comprometido afectiva e ideológicamente. Por otra parte, y este es un concepto precursor de algunas ideas actuales acerca de lo intersubjetivo, es su afirmación de que ambos participantes de la situación analítica “van a modificar su historia personal y su posición en el mundo.”
Pichon Rivière es también un “lúcido adelantado” en el análisis de los procesos de creatividad cuando encara desde los estudios sobre “Lo siniestro” de Freud (1915) una investigación de la vida y la obra de Isidoro Ducasse, el Conde de Lautréamont. De este trabajo sobre el poeta Pichon dirá que es lo más importante que ha escrito en su vida. En ella analiza los versos de los Cantos de Maldoror así como extiende el tema de lo ominoso en la literatura a artistas plásticos como Picasso, Dalí, etcétera. En 1951 el psicoanalista visita París y asombra a Breton, jefe del movimiento surrealista y a varios de sus miembros, así como a Jacques Lacan, al comunicarles sus descubrimientos sobre el enigmático personaje que era Lautréamont. Sus indagaciones sobre su origen, su grupo familiar y otros grupos de pertenencia, inmerso en el proceso histórico del sitio de Montevideo, dejan de presentarlo como un ser fragmentado y despersonalizado al explicar sus vínculos con la realidad.
Finalmente y para cerrar este artículo diré algunas breves palabras acerca de la teoría Pichoniana de la “enfermedad única”: en ella el núcleo patógeno central es la depresión que puede tener varias vías de estructuración: como psicosis, como neurosis, etcétera, lo cual se resolvería “ a través de la recreación progresiva del objeto. Esa sería la tarea esencial, volver a dar vida a lo que ha sido destruido, y que perturba una buena lectura de la realidad.”
Bibliografía
> Freud, Sigmund. (1913) “Totem y Tabú”. 1980, Tomo XIII, A.E.
> Freud, Sigmund: (1921) “Psicología de las masas y análisis del Yo”. 1979. Tomo XVIII. A.E.
> Zito Lema, Vicente: Conversaciones con Enrique Pichon Rivière, Buenos Aires, 1976. Timerman Editores.
> Pampliega de Quiroga, Ana: “El grupo, sostén y determinante del psiquismo” en Temas Grupales. Buenos Aires, 1987, Ediciones Cinco.
> Pichon Rivière, Enrique: Del Psicoanálisis a la Psicología Social. Buenos Aires, 1971, Editorial Galerna.
> Pichon Rivière, Enrique: Teoría del vínculo. Buenos Aires, 1979, Editorial Nueva Visión.
> Roudinesco Elizabeth y Plon Michel: Diccionario de Psicoanálisis. Buenos Aires, 1998.
Notas
(1) El lector puede acceder a un amplio dossier doumental y fotográfico en la siguiente página de internet: <www.quipu-instituto.com>
(2)Miembro del Instituto de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM-IPA)
(3) Lema, Z., 1976, p. 38.
(4) Taragano, F., Prólogo, 1979, p. 9.
(5) Lema, Z., 1976, p. 103.
(6) Roudinesco E. y. Plon, M. 1998, p. 857.
(7) Freud, S., T. XVII, p. 67.
(8) Ibidem
(9) Freud, S., T. XVIII, p. 78.
(10) Lema, Z., 1976, p.85.
(11) Ibidem., 1976, p. 75.
(12) Ibidem, p. 75
(13) Ibidem, p. 75
(14) Ibidem, p. 73
(15) Pampliega de Quiroga, A., 1987, p. 243.
(16) Pichon Rivière, E. 1971, Tomo I, p. 443.
(17) Ibidem, p. 443.
(18) Ibidem , Prólogo.
(19) Pichon Rivière, E., 1979, p. 35-36.
(20) Pampliega de Quiroga, A., 1987, p. 241: “...el protovínculo se desarrolla en sucesivas etapas en las que la relación se complejiza y se redefine en un itinerario que partiendo de una unidad originaria culmina en la individuación del sujeto que en él se constituye. Este vínculo primario se inicia con la vida intrauterina en una constante copresencia y permanente intercambio.”
(21) Pichon Rivière, E., 1971, p. 441.
(22) Pichon Rivière, E., 1979, p. 89.